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Trayectorias 21 BAFICI: Maya de Mia Hansen-Løve


Lo nuevo de la cineasta francesa Mia Hansen-Løve gira en torno a un encuentro entre dos personas luego de una experiencia traumática de uno de ellos que lo lleva a intentar reconectarse con sus raíces.

Gabriel es un corresponsal de guerra que acaba de ser liberado de un secuestro de varios meses. Cuando regresa no logra conectarse con lo que dejó ahí y necesita algo nuevo, un volver a empezar tal vez, reconectarse consigo mismo después de ese trauma. Y para eso viaja a Goa, en la India, donde se crió y hoy vive su padrino, dueño de un magnífico resort y, cerca, su madre, a quien hace muchos años que no ve.

El personaje de Gabriel, interpretado por Roman Kolinka, con quien la realizadora ya había trabajado en Eden y El porvenir, llega a un lugar de ensueño donde vive su padrino y conoce allí a su hija, Maya. Ella es una joven inteligente, que ha tenido una breve vida en Londres, y se convertirá en su cómplice para conocer mejor el lugar que los rodea.

Maya de Mia Hansen-Løve

Como suele suceder con el cine de Mia Hansen-Løve, estamos ante un relato más bien introspectivo, y para eso apuesta por las sutilezas, miradas y conversaciones, a veces, a simple vista, intrascendentes. Esto se ve no sólo en Gabriel que no dice todo lo que le pasa pero lo va transmitiendo, sino también en la relación que se va generando con Maya. El nacimiento de este amor es casi imperceptible, surge de manera meticulosa pero a su tiempo.

El personaje de Maya será fundamental para todo lo que tenga que venir para Gabriel, no obstante la historia de amor no es central. Es parte de este proceso que hoy le es necesario. Toda la película toma el punto de vista masculino de una manera sensible, aun teniendo en cuenta que estamos ante una relación en la que él tiene treinta años y ella diecisiete (la diferencia de edad como otra temática recurrente en las películas de la directora).

Con ecos del cine de Renoir (con estas circunstancias es difícil no pensar en El río, de 1951), el cine de Hansen-Løve es luminoso pero no artificial. Su relato avanza con naturalidad y frescura y algo de melancolía también por momentos. Retrata esas locaciones de un modo que se encuentra a medio camino entre la pintura turística y la local, dejando en evidencia que la directora conoce el lugar.

Maya es una película que fácilmente podría haber caído en el típico relato de un hombre que viaja a la India para encontrarse consigo mismo, pero Hansen-Løve se corre de todo lugar común para optar por un estilo intimista y natural, sin subrayados. Aunque no estemos ante su mejor película (de una carrera con una filmografía exquisita), resulta más que gratificante.