Festivales

Tercera jornada del 8 FICIC


Más películas en Cosquín que acompañan un día gris donde se impone una fina garúa y una destacable programación.

La competencia de largos comienza con la proyección de Entzungor de Ander Parody Garai. Con elementos que remedan un cine primitivo en la textura de la imagen y los recursos utilizados se narra el derrotero de un contador de historias que mezcla lo mítico, lo folklórico y lo religioso. Ziripot parece que ha quedado fuera del registro de lo visible y lo aceptable en un tiempo que puede ser tanto el presente como el pasado o el futuro cercano. Deambulando por el pueblo (como en un espejo del camino de Santiago) es hostigado o dejado de lado, a veces empujado por los niños, otras por ese personaje mitad caballo mitad ser humano que aparece. Caídas que son simbólicas y literales de las que se recupera más tarde o más temprano. Lo religioso (cánticos, rezos, las campanadas como llamado al rito, la aparición de nazarenos, el Santo Oficio y su Inquisición) se cuela ostensiblemente pero esas figuras graciosas en sus cuerpos y que ostentan su desubicación con una especie de inocencia e ingenuidad hacen de su presencia un cuestionamiento a la potencia eclesial y su influencia sobre el pueblo y permiten la risa ante situaciones difíciles. Dispersa pero con un eje central, casi una comedia física por momentos, el filme apuesta a su diferencia mezclando ritos paganos, literatura clásica, folklore cuentístico y referencias cinematográficas y consigue atrapar la atención.

Adirley Queirós en Érase una vez Brasilia ofrece un mix de ciencia ficción con espíritu revolucionario. En un presente que va del impeachment a Dilma a la asunción de Temer como presidente de Brasil (se oyen los audios que van dando cuenta del paso del tiempo) un trío de personajes procura armar un grupo de resistencia ante el avance conservador de la entente político-judicial-mediática. Con toques retrofuturistas y una producción que hace de la falta, virtud, el filme va perdiendo potencia disruptiva y novedosa a medida que los planos exageran su duración y la narración estira, ya en repeticiones innecesarias o ya en excesos burlones que diluyen la propia revulsión buscada, lo que tiene para contar.

Buenos Aires al Pacífico de Mariano Donoso Makowski entrega un entramado que cruza el diario personal, la Historia y la poética para ofrecer un documental que multiplica sus ideas, quizá un poco en exceso. Entre los recuerdos personales de ensoñaciones o imaginería familiar, la recuperación de material de archivo, la erudición cultural, el retrato de personajes protagonistas, la historia del tren y su cruce con la idea de país, se desarrollan, con una bellísima fotografía y textos que acompañan (varias voces en off que según el grado de intimidad y cercanía con el material o la actuación en el decir se lucen o agobian), varias hipótesis que se presentan más o menos extensas o profundas o discutibles y que procuran tejer el eje cine y tren. Quizá en un material infinito y sin contención o en una (s)elección que siempre es restrictiva y debe aceptar perder mucho en lo hallado y que deja en evidencia la dificultad en lograrlo (hay sentidos loops que se olvidan -la madre-, temas que aparecen en el último momento -el peronismo-) y darle un cierre, es que el documental va acumulando linealmente (más allá de armar capítulos, adendas, agregados en un orden aleatorio borgiano que seguramente pretende remedar la construcción misma de la memoria) sin que el conjunto explote más que funcionalmente.

Un matrimonio separado se encuentra de casualidad en los últimos días del año en Villa Gesell, lugar en el que se conocieron, en una especie de condominio baqueteado llamado Las Vegas. Ella va con el hijo adolescente de ambos y él con su joven novia colombiana. El cruce azaroso le permite a Villegas realizar una comedia de rematrimonio (un género hollywoodense) pero con el localismo (que no el costumbrismo) argentino. Celos, discusiones, charlas debidas, relaciones paterno-filiales, sentimientos encontrados van puntuando los gags y el ritmo del filme en el que se luce un elenco ajustado: con una maravillosa Pilar Gamboa que despliega todos sus matices y hasta un exceso preciso y un reconocimiento a la revelación del Pablo de Valentín Oliva (Wos) en su debut. Desarrollar una subtrama con la situación del hijo adolescente es una apuesta lograda. El humor no busca la risa efímera y superficial sino que se apoya en situaciones y construcción de personajes, acercando a Las Vegas más a una comedia asordinada de Kaurismaki o de Rejtman. Elegir la clasicidad, dejando de lado el cinismo posmoderno, vuelve a la película un objeto extraño en su género y en la filmografía argentina.

Mujer nómade (que forma parte de la retrospectiva Martín Farina) comienza con la voz en off de la protagonista relatando una profunda y dolorosa experiencia vivida mientras se muestra su imagen estática frente a la cámara. En un costado, un espejo donde se vislumbra el reflejo del director. Cómo no leer en esa puesta en escena una relectura de Las meninas de Velázquez, que además es la fuente que toma Foucault para pensar la mirada y la representación en Las palabras y las cosas. Nada es aleatorio o azaroso en el documental de Farina, quien despliega todas las herramientas a su alcance para retratar en alma y cuerpo a Esther Díaz. La filósofa se desnuda frente a la cámara de una forma tan natural y descarnada que uno como espectador intuye que está siendo parte de su vida misma y su cotidianidad. Y eso es todo un logro del director -a esta altura un toque autoral- y de los vínculos que establece con sus protagonistas. Los dolores de la vida, las pérdidas familiares, el deseo como meta y principio. Díaz pone el cuerpo y se expone, corporiza las teorías que enseña (Nietzsche, Foucault, Deleuze), se hace presencia corpórea pero como si fuera una garganta, un aparato fonador que permite la emisión de la palabra, del discurso, del relato, evitando la emoción en el decir, lo que consigue aún más conmoción. El filme resulta atrapante, sorprendente, subyugante, sensible y reflexivo a la vez.