Festivales

Primera crónica 34 MDQ por Rodolfo Weisskirch


La tercera jornada del Festival comenzó con dos notables películas latinoamericanas en Competencia, dirigidas por influyentes realizadoras y con miradas abarcativas.

María Paz González y Laura Casabé estrenaron en el tercer día del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sus nuevas obras. Las mismas, además de tener protagonistas femeninas, comparten una mirada común acerca de la maternidad e, incluso, tienen un intérprete común, Edgardo Castro, que hace pequeñas participaciones en ambas películas.

Primer largometraje de ficción de González, Lina de Lima es una original mirada sobre la inmigración. La protagonista es Lina (Magaly Soler, la notable actriz de La teta asustada), una madre divorciada, que trabaja para una familia aristocrática chilena. Sus tareas son cuidar de la nueva casa que ha construido el padre, así como a la hija adolescente. Lina planea volver a su casa en Lima para navidad, y visitar a su hijo ya adolescente, pero diferentes adversidades podrían impedir ese viaje.

González evade ingeniosamente los clisés y lugares comunes del drama de desarraigo. Por el contrario, expresa los sentimientos y contradicciones de la protagonista a través de excelentes números musicales que le rinden tributo a la música, cultura e iconismo peruano. Desde los colores seleccionados hasta el idioma nativo. Incluso se da el lujo de emular a Busby Berkeley. El tono del film nunca es redundante ni sentimental. Evita caer en solemnidades, con una cuota de humor orgánico, y el talento, la gracia y versatilidad de Soler son un pilar esencial del relato. Además de tener un guión de hierro, que nunca se vuelve redundante, el film critica las diferencias sociales en el centro de la sociedad chilena, con sutileza, sin bajar línea, sino como contexto de los conflictos que debe superar la protagonista.

La maternidad y la familia sustituta son un ingenioso mecanismo para que la directora hable sobre la incomunicación y el materialismo de la actual sociedad. La relación distante y fría de la protagonista con su hijo, la ausencia de las figuras paternas, y la cofradía que consigue con personajes con los que no tiene un lazo sanguíneo dan pie a interesantes reflexiones sobre las relaciones humanas contemporáneas, donde ni siquiera hace falta hablar un mismo idioma para conectarse con el otro.

Inspirada, original, visual y sonoramente estimulante, Lina de Lima, con su tono social agridulce es una de las más interesantes propuestas de este Festival.

Y sí de relatos con madres que adoptan hijos de otras personas hablamos, Los que vuelven, de Laura Casabé, es otra atrapante obra que indaga en el tema de la maternidad, a través del cine de género. En esta oportunidad, Casabé reversiona su cortometraje La vuelta del Malón y lo lleva a la selva misionera, donde conviven diferentes culturas. Con cierta reminiscencia a la narrativa de Quiroga, Casabé le da identidad y una vuelta de tuerca al género de zombies. Esta vez con una impronta política relacionada al exterminio y la esclavitud que el hombre blanco imponía a principios del siglo XX sobre los pueblos originarios. La esposa de un terrateniente es testigo de cómo la selva se quiere llevar a su hijo. Mucho más no se puede decir porque la película depara estructuralmente más de una sorpresa. La creación de atmósferas y climas es notable. La fotografía, montaje, sonido, efectos especiales y maquillaje proporcionan que el espectador entre en esa geografía hostil y misteriosa.

La convergencia de leyendas y mitos rurales con la crítica sociopolítica acerca de una sociedad dominada por el patriarcado y los terratenientes que usurparon tierras, explotando recursos económicos con fines capitalistas, convergen en un relato inteligente que, a través de la fantasía, metaforiza el estado actual de la sociedad. Lo que narra Casabé es una radiografía contemporánea que nos lleva a reflexionar que la expropiación de los recursos naturales y a los pueblos originarios, el abuso de los hombres sobre las mujeres, no son temas de cien años atrás. Por otro lado, y de manera también simbólica, se puede leer una connotación implícita sobre el secuestro de hijos y bebés de desaparecidos durante la última dictadura.

Envolvente, meticulosa en su factura técnica,  quizás un poco solemne, y sobre todo muy climática, Los que vuelven es un trabajo magistral de una de las realizadoras más prometedoras del cine nacional contemporáneo.