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Perdida de Alejandro Montiel


Dispares resultados en la adaptación cinematográfica de un bestseller ofrece Perdida.

La temprana desaparición de Cornelia Villalba en un viaje al sur argentino cuando se encontraba junto a cuatro compañeras de colegio, marca a fuego la vida de Manuela Pelari (Pipa). El hecho, ocurrido 14 años atrás, vuelve a inquietar a su mejor amiga, ahora convertida en policía. Luego de una misa en memoria de la chica que se esfumó, una serie de extraños hechos, que dan más pistas sobre la adolescente, más el pedido de la madre de Cornelia, la ahora agente del orden decide reabrir el caso. Una trama que involucra trata de personas, complicidad policial y lazos de traiciones y lealtades.

Perdida se basa en el bestseller de Florencia Etcheves, Cornelia. Su traspaso a la pantalla grande cae en la tentación de llenar todos los casilleros para cumplir con los requisitos de ser un policial que entretenga con un dejo de denuncia en un tema muy grave como lo es la trata de personas. El problema es que se convierte en un copiar y pegar todos los cliches que se han visto en otras películas y series. Si hasta el personaje de Oriana Sabatini parece un remedo de Lisbeth Salander, la heroína de Stieg Larsson. La tensión y el suspenso son demasiado leves, en lugar de avanzar hacia un final de resolución total se decanta por pequeños núcleos que se van resolviendo. Eso le quita a la trama una electricidad que lleve a un clímax final.

Filmada en Buenos Aires, Canarias y San Martín de los Andes, no basta la grandilocuencia de algunas escenas para lograr un buen producto. En este sentido, el reciente cine argentino industrial está haciendo un abusivo uso de las grúas y los drones que resulta vistoso, pero que expresivamente no significa nada. Quizás si se gastara esa plata en consultores de guiones, los resultados serían otros.

Con un dispar protagonismo de Luisana Lopilato, por momentos se la nota muy forzada queriendo salir de su zona de confort, aunque es indudable su fotogenia. Resulta extraño que actores de mayor solidez, como Rafael Spregelburd o María Onetto tampoco acierten con el tono de sus personajes, quizás debido a esforzados textos. A ellos se agregan demasiados secundarios, algunos de origen tan diverso como el youtuber Julián Serrano, en un papel cuestionable para su debut en cine, sobre todo teniendo en cuenta que su público es adolescente. La española Amaia Salamanca es quien mejor acierta en el desempeño de su personaje.

En conclusión

Pese a los esfuerzos por entretener y provocar intriga, el resultado final de Perdida no es un barco que se hunde pero si uno que en muchos momentos escora.

Puntaje 2.5 2.5/5
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