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Máquinas mortales de Christian Rivers


Máquinas mortales es otra aventura distópica, sin nada nuevo que ofrecer, que hace de la representación visual del mundo que crea -a través de la opulencia de sus efectos especiales- su razón de ser, pero volviéndolo puro artificio.

Peter Jackson hace todo a lo grande. A veces funciona y a veces no. Pero a la larga siempre agota y se agota. En este caso su idea de cine da forma (o deforma), en su rol de productor, a Máquinas mortales.

Basada en un bestseller, la película cuenta (el guion fue escrito por el propio Jackson y su equipo de siempre, creadores de la trilogía de El Señor de los Anillos y El hobbit, conformado por Phillipa Boyens y Fran Walsh) grandilocuentemente -creyendo que lo hace épicamente-, y como distopía un mundo post-apocalíptico steampunk donde las grandes ciudades, ahora móviles y rodantes, “engullen” a las pequeñas para apropiarse de sus habitantes y sus recursos.

Estamos en Londres y Thaddeus Valentine (Hugo Weaving), un ingeniero “humanista” y con buena llegada al poder, proyecta un plan benefactor que en realidad esconde intenciones aviesas: construir una bomba nuclear que haga caer el muro que separa a la humanidad y dominar finalmente todo el mundo. Una joven, Hester Shaw (Hera Hilmar), “llega” para vengar un pasado que incluye la muerte de su madre y su propia supervivencia. En el camino se cruzará con otros personajes que la ayudarán y otros del pasado que también la persiguen.

Toda esta mezcla de historias, que en el aspecto audiovisual se pintan desde un look retrofuturista, va sucediéndose por obra y gracia de un guion que hace aparecer y desaparecer personajes sin otra motivación que hacer avanzar, sin respiro, la trama para que no pensemos durante las dos horas que dura el film en los agujeros narrativos, y abusando de las alegorías y metáforas burdas y groseras que pretenden hablar del presente.

Personajes estereotipados, uso de flashbacks que ilustran los parlamentos explicativos, exceso de imaginería resuelta desde el CGI vistoso pero artificial y sin corazón, sentimentalismo ramplón, cruces, conflictos y resoluciones propios de un mal culebrón hacen de Máquinas mortales un fallido producto que, en el mejor de los casos, sólo causa gracia cuando no lo busca.

En conclusión

Otra de aventuras y peleas en futuros distópicos, con mucho CGI y nada de alma.

Puntaje 1.5 1.5/5
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