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Liga de la Justicia de Zack Snyder


Liga de la Justicia de Zack Snyder llega para sentar las bases de lo que se aproxima en el universo DC y nuestros iconos del cómic por fin entrelazan sus caminos, sin embargo, si la unión hace la fuerza, ¿hacia dónde está canalizada la fuerza de este grupo?

El galardonado y controversial guionista de cómics Grant Morrison ha escrito en su libro Supergods (Turner Noema, 2011), “¿No será que el superhéroe, con su capa y su traje ajustado, es en estos momentos la mejor representación de aquello en lo que podríamos convertirnos si nos empezáramos a sentir dignos de un mañana en el que nuestras mejores cualidades sean lo bastante fuertes como para superar los impulsos destructivos contra el proyecto humano?” Suena alentador… pero, ¿y si el superhéroe muere?

Superman está muerto.

¿Cómo volver a sentirse seguros? ¿Cómo superar el desaliento de conocer la muerte de lo que podría haber sido el escudo más importante de la humanidad? Superman está muerto y la amenaza es inminente. La pérdida de fe en un futuro se hace carne: ahora estamos más solos y confundidos, nos volvimos vulnerables.

Mientras la humanidad se entrega a las vueltas en círculos, al espasmo silencioso del desconsuelo y a la aceptación de que nada podremos hacer, Bruce Wayne (Ben Affleck) decide, una vez más, ponerse en acción antes de que sea demasiado tarde. ¿O ya es demasiado tarde?

En la Liga de la Justicia (que tuvo que ser terminada por Whedon a razón de problemas personales que impulsaron a Snyder a dejar el proyecto antes de la finalización oficial), meta-humanos y semidioses son impulsados a seguir a Batman ante las evidencias rotundas de que sus paranoias no son infundadas. Mujer Maravilla (Gal Gadot), Cyborg (Ray Fisher), Aquaman (Jason Momoa) y Flash (Ezra Miller) son los reclutados por el vigilante enmascarado de Ciudad Gótica para enfrentarse a Steppenwolf, un conquistador de mundos que ya alguna vez había sido expulsado de la tierra, en épocas donde los héroes estaban en su apogeo. Ahora Steppenwolf vuelve con ansias de venganza y atraído por el olor de la sangre (“¿sangrás?”) del dios solar recientemente caído en combate.

Liga de la Justicia tiene los condimentos para mostrar el lado más oscuro del universo DC, a la vez que cuenta con la posibilidad de lucir a sus héroes en una épica que los vuelva permeables, con dilemas de equipo, disfrutables a la vieja usanza, más heroicos que nunca, ya sin tanta solemnidad impostada, demostrando, lisa y llanamente, que no todo está perdido. Sin embargo, el camino narrativo, simplísimo y plano, pone su eje en un grupo que apenas es empático con el entorno, un grupo que se relaciona de un modo muy superficial con, justamente, esos humanos a los que buscan salvar, algo que pronto frivoliza el conflicto, algo que los vuelve, de modo inexorable, un tanto ajenos, buenos pero sin matices.

El tono coral de la historia (al menos en su primera mitad) no crea mundos que nos interese salvar. Ellos, los héroes, quieren salvarnos, eso nadie lo duda, pero no hay esfuerzos para lograr algo aún más básico: que nosotros, espectadores, los queramos seguir viendo vivos a ellos. Esto no significa que la dinámica no tenga sus puntos altos: no sólo son buenos, son simpáticos, saben hacer comentarios acartonados pero efectivos y son atractivos desde lo visual. Todos se lucen en las eternas secuencias en cámara lenta de Snyder, esta vez un tanto más justificadas por la presencia de Flash en el equipo, algo que obliga a mostrar el transcurso del tiempo desde su perspectiva.

Mención aparte, es el mismo Flash el personaje más caricaturesco del grupo, pero en esa caricatura tonta y llena de chistes hay un camino de descubrimiento que posiciona a Barry en un arco de crecimiento conciso y minúsculo pero suficiente para estar por arriba del de sus compañeros, que se estancan en su propia integridad u oscilan entre la taciturnidad y el engreimiento estereotipado. A pesar de que puedan disfrutarse lindas perlas en ese ensamble, no vemos a los miembros de la Liga realmente desafiados en aspectos personales, herramienta que hubiera servido como puente de conexión directa con nuestra propia humanidad… porque, después de todo, de eso se trataba esto, ¿no? La humanidad. Y esa ausencia de desafío se refuerza por culpa del villano de turno, el ya mencionado Steppenwolf.

Sin la contraparte de un némesis que ostente un poco de inteligencia y estrategia todo se convierte en ver hasta cuándo y cómo todos pueden pegarse, hasta dónde un recurso puede usarse, hasta dónde podemos disfrutar de una fórmula antes de que queden en evidencia los vergonzosos hilos tras el desequilibrio general de la película. La aventura queda relegada a escenas de acción, entretenidas, claro, pero sólo eso en el mejor de los casos.

En conclusión

Al no caer en errores tan groseros ya repetidos en otras entregas del universo DC, Liga de la Justicia invita a ser vista con un soplo de aire renovado pero aún insuficiente, quizás como consecuencia del improvisado dueto de directores. Las bases se tejen sin mayores pretensiones y simplificadas: ¿servirán quizás de pilar para un crecimiento posterior de esta nueva alianza? ¿Sólo alcanza con héroes para construir estos pilares? ¿No nos quedó claro con ejemplos de diferentes momentos cinematográficos de franquicias superheroicas que un buen villano define y habla del héroe casi tanto o más que el héroe mismo? El mundo de los superhéroes no va a salvarse sólo… para que subsista, los buenos villanos son absolutamente necesarios. En el pretendido horizonte de luz es menester dibujar una villano-señal que sirva de señuelo para un enemigo tan peligroso como entrañable, algo que tanta falta nos viene haciendo en un mundo que, de a poco, se llena de héroes y cada vez más se olvida de inspirar.

Puntaje 2.5 2.5/5
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