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La quietud de Pablo Trapero


La última película de Pablo Trapero, La quietud, se aleja de los retratos marginales a los que nos tenía acostumbrados y decide enfocarse en una familia acomodada y la relación hermética que tienen sus integrantes, a la vez que un secreto del pasado sale a la luz.

La Quietud es la estancia de la familia de Mia. Cuando a su padre lo llaman a declarar por el origen de sus inmuebles y propiedades, sufre un ataque cerebral y queda internado. Esta situación quedará un poco ahí, en reposo, cuando regrese Eugenia, la hermana que vive en París, y entre ellas dos, con la avasallante figura de la madre por encima (la matriarca interpretada por la infalible Graciela Borges), aflore esa relación tan fuerte y simbiótica que ni la distancia ni factores externos parecen ser capaces de quebrar.

Martina Gusmán es Mia, la joven que vive encerrada en esa estancia, en ese mundo que de quieto ya poco tendrá, muy apegada a su padre porque en su madre nunca encontró el cariño que necesitaba. Bérénice Bejo (actriz argentina radicada en Francia) es Eugenia, la mimada de esa madre que rememora bastante a la Borges de La ciénaga. Trapero sugiere y sugiere todo el tiempo pero nunca se anima a ir más allá en esa relación extraña que hay entre las hermanas, que comparten fantasías, hombres, pajas y roces que hasta ahí llegan.

Ya más cerca del tercer acto terminarán de aflorar esos secretos que también tienen que ver con la historia política del país, y se entenderá por qué el evidente favoritismo de la madre por Eugenia en una escena donde Borges se come la pantalla. Y descubiertos los secretos se amenaza con romper esa aparente (pero falsa) quietud de sus vidas.

La quietud, escrita por Trapero en colaboración con Alberto Rojas Apel, retrata un mundo de apariencia idílica pero cuyo hermetismo lleva a los personajes a encerrarse, como si no pudieran y no supieran lo que es el mundo exterior, una burbuja donde se refleja una vida de aparente perfección.

Esta vez con un tono menos cercano al realismo al que acostumbra el director, con imágenes luminosas y algo de surrealismo (sin llegar a lo desbordante de una propuesta como Desearás al hombre de tu hermana, película a la que inevitablemente remite en algunos momentos), Trapero apuesta a un film con más preguntas que respuestas y a retratarlo con un claro enfoque femenino. Acá son las mujeres las que llevan la historia, aunque a su alrededor pululen hombres (como los interpretados por Joaquín Furriel y Edgar Ramírez, uno como el ayudante de su padre y amigo íntimo de la familia, el otro como el prometido de Eugenia) que se pasean entre ellas encandilados.

Con momentos divertidos (de esos que pueden provocar alguna risa incómoda), otros sensuales, algo de thriller y otros con gran carga dramática, quizás La quietud quiere abarcar demasiadas temáticas. La familia, el amor, el odio, las obsesiones, la sexualidad, la fidelidad, el deseo de ser madre, la historia política del país, el pasado que siempre encuentra la manera de volver. Pero es que así de complejo y lleno de capas es este universo que decide hoy retratar Trapero, quien logra un buen manejo para mostrar las tensiones entre estos vínculos y además consigue que sus actrices se entreguen sin miedo a lo que la trama propone.

En conclusión

La quietud trae a un Trapero intentando bucear por terrenos poco habituales en su filmografía. A nivel técnico deja en evidencia su experiencia y conocimiento, con varios y largos planos secuencias bien ejecutados y un buen uso de la banda sonora; en cuanto al guion se permite apostar a una historia llena de capas aunque a veces sugiere mucho más de lo que está dispuesto a contar. Las tres actrices logran desenvolverse entre los diferentes estadíos por los que transitan sus personajes y, sin duda, es Borges quien resalta por sobre el resto. Que es un film interesante, no hay dudas.

Puntaje 3.5 3.5/5
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