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La fiera y la fiesta de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas


Coproducción entre República Dominicana, Argentina y México, inspirada en los proyectos que el director dominicano Jean-Louis Jorge dejó inconclusos antes de su muerte.

El film realiza su apertura con el sonido del mar desde una pantalla negra. Luego de unos segundos, observamos en el encuadre una masa de agua ligeramente embravecida, como si el mar ahogara la pantalla que lo contiene mientras va tiñéndose de negro. Esta secuencia poética es acompañada por una voz en off en francés que interpela al director fallecido, dejando fluir sus pensamientos. La cámara realiza un movimiento de ascenso generando aire al encuadre y podemos divisar un horizonte que alinea y aliviana la carga emocional con la que ingresamos a la historia.

Posteriormente descubriremos que la voz en off pertenece a Vera (Geraldine Chaplin) quien será la protagonista de esta historia. Ella encarna a una actriz, cuya fama se ha disipado prácticamente por completo, que decide ir a Santo Domingo tras la muerte trágica de uno de sus mejores amigos, el director y guionista de culto: Jean-Louis Jorge, para poder rodar su guion inacabado. De esta forma, el relato irá avanzando a medida de que Vera encuentre respuestas a sus propios fantasmas y, mientras reúne a los distintos amigos que, en algún momento, fueron grandes estrellas del cine, se ocupará del desarrollo y realización del film como homenaje póstumo.

Con relación al diseño formal del largometraje, pareciera que les realizadores decidieron contar la historia del dominicano a través de su particular estética visual y sonora, quien siempre ha oscilado, provocado y confundido las líneas entre realidad y fantasía. Esta arriesgada elección quizás perjudique a les espectadores que asistan y desconozcan la (bio)filmografía de JL Jorge, dado que el material de archivo documental agregado al film se da a través de fotos personales en blanco y negro, de intervenciones de pequeños fragmentos proyectando sus películas y diálogos con frases claves sólo descifrables para aquellos seguidores del autor, todos insertados implícitamente como elementos de la trama. Incluso les directores no sólo han trabajado la fotografía haciéndole un guiño a su espíritu y esencia modernos, sino que también emulan encuadres de los films La serpiente de la luna de los piratas y de Mélodrame, como tributo a su mirada.

Posiblemente al comienzo de la película nos resulte difícil creerle a algunos actores en sus interpretaciones, eso quizás se deba a dos situaciones: 1) pueda que no estemos acostumbrados a un registro de tono actoral del cine clase b, exagerado y kitsch; y/o 2) parte del elenco de la película ha sido conformada por amigos no actores del director, convocados para agregarle veracidad a la historia y sumarle anécdotas directas desde sus protagonistas, tal es el caso de Luis Ospina (como el director de fotografía Martín) y Jaime Piña (como el productor Víctor). Por otro lado, los trabajos profesionales de la actriz Geraldine Chaplin (directora y actriz Vera) y del actor alemán Udo Kier (el coreógrafo Henry) reflejan registros actorales acordes a su talla, ofreciéndonos un rango dinámico que va desde un minúsculo naturalismo hasta un absurdo que jamás abusa de lo teatral.

Supongamos que vas al cine y no sabes nada sobre Jean-Louis Jorge, pues entonces vivirás una experiencia onírica, provocadora, sexual, sensual, poética. La misma juega con improntas vampíricas como signo de la no aceptación a la vejez, invitándonos a reflexionar sobre el oficio cinematográfico, sus anécdotas, sus dificultades, sus orígenes; y además pone sobre la pantalla el destrato de las nuevas generaciones para con las pioneras y la visión disruptiva como vanguardia. Nos plantea el existencialismo y su propósito individual como fuerza motriz desde una ausencia, donde la memoria se codicia y los olvidos se temen, donde la muerte, incomprensible pero siempre trágica y traicionera, está latente y donde la vida continúa… aún con ausencias y sin preguntas.

En conclusión

La fiera y la fiesta es un film creado para combatir la desmemoria colectiva hacia un pionero del cine dominicano de culto, pero al abordar su impronta desde su esencia onírica quizás, les realizadores, no logren sacar al director de las sombras en las que fue enterrado.

Puntaje 3 3/5
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