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Jackie de Pablo Larraín


El realizador chileno Pablo Larraín debuta en Hollywood con Jackie.

La entrevista que Theodore H. White (Billy Crudup) de la revista Life le realizara a la viuda más famosa del mundo, una semana después del asesinato de su marido el presidente de EE.UU. John F. Kennedy, es el punto de partida para narrar algunos momentos en la vida de la primera dama, e indagar en la marca que en ella dejó el magnicidio de Dallas. Sólo el momento del documental -en la que oficia de guía por la Casa Blanca-, realizado para la CBS, se aleja de lo que tiene que ver con la muerte de su esposo. Pero todo lo evocado en el reportaje, que es de alguna manera una confesión, junto a otra charla que Jackie tiene con un sacerdote, sirve para entender un entramado de reflexiones, propias y ajenas, sobre una de las mujeres que tuvo alto impacto en la construcción de una de las influencias mediáticas más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Porque Jackie no es una biografía en el sentido más tradicional que es el de abarcar toda la vida de un personaje, sino un acercamiento a una mujer que tenía una mezcla de egocentrismo, frivolidad, aplomo, inteligencia, estilo y encanto, que despertaba amores y odios.

El guion de Noah Oppenheim arriesga hipótesis en la construcción del mito en torno a la figura de Jackie, porque si tanto se ha escrito sobre esa mujer, bien puede arriesgarse a imaginar momentos posteriores al asesinato: el querer aparecer públicamente con el legendario traje Channel rosa, manchado de sangre; las decisiones que ella tomó en cuanto al velatorio, a imagen y semejanza del de Abraham Lincoln; la exposición de sus hijos en esa ceremonia y el lugar donde sería enterrado su marido. Todo en un corto lapso de tiempo, en el que se la ve titubeante, firme, caprichosa, deambulando, cigarrillo o vaso en mano, cambiándose de vestidos, en una vacía Casa Blanca, contenida por nadie, en la soledad del poder que le fue arrebatado en un instante. Perpleja y altiva, firme y magnética, fue, a su pesar, una viuda espléndida, marchando por las calles de Washington y la película de Larraín ofrece momentos de inusual belleza en medio de una tragedia provocada por un magnicidio, en un episodio que aún hoy en día no es del todo claro. Después de todo, la veneración hacia John F. Kennedy se debe en parte a la figura de Jackie, ya que sólo 1036 días fue lo que duró su presidencia.

Jackie de Pablo Larrain

El dominio de la concepción visual de Pablo Larraín en Jackie la transforma en una rara mezcla de grandilocuencia e intimidad, y a la vez la alejan de ser una biografía convencional. Jackie es una notable muestra de cómo narrar la historia desde otro costado, sin dejar todo servido ni explicado, con momentos tan sutiles y pequeños como poner vestidos en una caja para mudanza o aquel en el que la viuda deja la Casa Blanca y la nueva primera dama está eligiendo telas de tapicería y eso se ve en un segundo plano. O cuando Jackie evoca a uno de los discos preferidos por Jack (como ella llamaba a Kennedy): Camelot, el musical de Broadway, que remite al periodo del reino mítico del Rey Arturo que ya no podrá repetirse. Y que es la vez un tiempo en la vida de una mujer, sacudida por una circunstancia extraordinaria.

Nada de lo maravilloso que condensa Jackie podría pensarse sin otra protagonista que no fuera Natalie Portman, cercana a la perfección en los gestos y en la voz. Componiendo un personaje con todos los matices posibles y trasmitiéndoselos al espectador y a la cámara de una manera notable. Su actuación es oro puro.

En conclusión

Nada de lo maravilloso que condensa Jackie podría pensarse sin otra protagonista que no fuera Natalie Portman, cercana a la perfección en los gestos y en la voz. Componiendo un personaje con todos los matices posibles.

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