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Isla de perros de Wen Anderson


Regresa Wes Anderson al cine de animación stop motion ahora con una historia situada en Japón que tiene como protagonistas a los perros. Una carta de amor al mejor amigo del hombre y a la cultura japonesa.

El stop motion le sienta bien a un director perfeccionista y obsesivo del detalle estético como lo es Wes Anderson. No por nada el nombre del director ya parece ser un estilo en sí, con su determinada paleta de colores y simetrías perfectas. Escrita esta vez junto a dos frecuentes colaboradores, Roman Coppola y Jason Schwartzman, y a Kunichi Nomura (quien además da voz al malvado alcalde), Isla de perros es la manera que encontró el director de homenajear a la cultura de Japón.

Estamos situados en una especie de futuro distópico en Japón, en una ciudad que se encuentra regida por el alcalde Kobayashi (Nomura), quien tras una epidemia de gripe perruna decreta mandar a todos los perros a la Isla de la Basura. Tras una eterna lucha entre perros y gatos, son estos últimos los que parecen haber ganado y los canes ahora sobreviven como pueden en esa isla, peleándose a mordidas por un poco de comida podrida, recordando tiempos mejores y hasta con alguna oportunidad para el flirteo de vez en cuando. Es acá donde Anderson despliega su galería más interesante de personajes: diferentes perros que provienen de diferentes entornos y cada uno con una personalidad muy definida. Entre ellos se generan las escenas más divertidas e ingeniosas, con voces de actores como Bryan Cranston, Edward Norton, Jeff Goldblum, Bill Murray, Liev Schreiber y Scarlett Johansson entre otros que van entrando y saliendo de escena.

Pero la trama se pone en movimiento gracias a Atari (Koyu Rankin), un niño de doce años que llega en avión en busca de su querido perro Spots. Atari es huérfano y tras la muerte de sus padres quedó a cargo de su tío, ni más ni menos que el alcalde Kobayashi. Ahora, emprende la búsqueda de su perro en la Isla junto a una jauría de perros abandonados que serán sus cómplices.

Sin embargo no toda la película gira en torno a los perros y la Isla de la Basura. En la ficticia ciudad de Megasaki también hay un grupo de jóvenes que quieren de nuevo a sus perros y a quienes les parece una crueldad deshacerse así como así de estos seres que son parte de la familia. Y una de las voces más fuertes y poderosas es la de Tracy Walker (Greta Gerwig), una estudiante de intercambio que también perdió a su perra y que lidera manifestaciones y protestas para poder recuperarla y para que ningún otro perro pase por eso. Ella no teme alzar la voz ante la solución final que planea el alcalde con aquellos perros.

Así, los dos mundos se verán relacionados, los perros y los humanos, la isla y la ciudad. Aunque no puedan entenderse con palabras con Atari, estos personajes perrunos están dotados de mucho carácter y son con los que se genera empatía con una mayor facilidad y rapidez. Pero algo a destacar es que tanto personajes humanos como animales logran ser muy expresivos, hay un trabajo notable detrás de estos muñecos.

Como acostumbra desde Los excéntricos Tenenbaums, la película cuenta con un elenco multiestelar: además de varios actores (entre colaboradores y nuevas incorporaciones) participa especialmente Yoko Ono, quien brinda su voz a un personaje que lleva su mismo nombre y sus iniciales en cada una de sus trenzas.

Wes Anderson se permite homenajear a Japón también a través del retrato de sus tradiciones. La comida, el teatro de marionetas, el arte pictórico, los haikus (de los mejores pequeños momentos de la película). La banda sonora (de Alexandre Desplat, quien también hizo la de su anterior película El gran hotel Budapest) incluso toma prestado de películas de Akira Kurosawa. Isla de perros está plagada (como todas las películas del director) de influencias cinéfilas. Así como antes sus principales fuentes de inspiración eran mayormente provenientes de Francia, ahora son japonesas. A la larga es el cine que ama el que lo inspira.

Teniendo en cuenta que estamos ante una película animada, es cierto que Isla de perros está concebida para toda la familia. No obstante para el público más pequeño resultará bastante compleja ya que hay muchas tramas e ideas expuestas detrás de la línea argumental de un niño en busca de su perro.

En conclusión

Isla de perros es la película más política de Wes Anderson, pero también un film que apuesta a entretener (con su habitual sentido del humor e ironía) y conmover porque toca fibras sensibles de cualquier persona que haya tenido o tenga mascotas, que entiende que se convierten en parte de la familia. Y la familia sigue siendo el tópico preferido del director, sin que implique lazos sanguíneos. En cuanto a estilo, Wes Anderson continúa probándose a sí mismo y desafiando a cada uno de sus detractores: nunca va a dejar de ser quien es y, sin embargo, su estilo no parece estar cerca de agotarse; no es sólo estética, lo creativo y lo emocional van de la mano.

Puntaje 5 5/5
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