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Good Time: viviendo al límite de Josh y Benny Safdie


Good Time es un thriller eficiente que apuesta fuerte a la empatía con su antihéroe, convenciéndonos de seguirle los pasos por una serie de peripecias tan crudas como disparatadas, logrando un tono convincente, reflexivo desde la periferia y pasional.

Queda claro desde el principio de Good Time (Josh y Benny Safdie, 2017) que los planes salidos de la cabeza de Connie (Robert Pattinson) no se caracterizan por ser muy elaborados. Hay en él, sin embargo, aparte de un perfil delictivo y amoral, un aura de optimismo noble y desafiante que cautiva, que lo dimensiona y carga de cierta épica el círculo vicioso en el que (descubriremos) se mueve.

Nick es el hermano de Connie y tiene ciertas discapacidades mentales. Connie ama a su hermano y, para salvarlo de su triste e injusto destino en centros psiquiátricos, lo vuelve cómplice del robo a un banco, con afán de conseguir el dinero que pueda darles la ansiada libertad. Y las cosas, por supuesto, no salen bien.

Así es como, de pronto, eso que quería ser protegido se convierte en eso que debe ser rescatado y, sin más preámbulos, nos vemos inmersos en una historia de ritmo frenético donde hay una constante: las cosas no suelen salir como esperamos y todo, siempre, se puede complicar un poco más.

Good Time es fresca y dinámica sin caer en cinismos o pretenciosas miradas superadoras. Ocurre veloz y en una noche, impredecible, coqueteando con el absurdo pero sin empantanarse en el proceso: corremos con Connie, codeándonos con el delito, por calles de una Nueva York desamparada y turbia. Nunca podemos estar un paso adelante porque el horizonte sólo le pertenece a los Safdie, que saben sacar jugo del universo hostil y por momentos caricaturesco que construyen, un universo lleno de personajes que rayan lo bizarro y sugieren una profundidad que en ocasiones se diluye en pos de una trama que prioriza seguir acelerando, consecuente a las expectativas que los jóvenes realizadores supieron poner sobre sí al caracterizarse, en proyectos anteriores (Lady Longlegs, 2009/ Heaven Knows What, 2014), por su cine de guerrilla, independiente, de submundos oscuros; aspectos de los que no reniegan en Good Time pero que logran poner en función a un producto de otro calibre, un thriller de peso y buen pulso que logró no defraudar en Cannes luego de ser esperado de modo ferviente.

Así como en Cosmopolis (Cronenberg, 2012) Robert Pattinson es llevado por su chofer por una ciudad que se cae a pedazos, ahora es él quien nos conduce, con una interpretación que nos da un punto de apoyo sólido y necesario para que el delirio que hace avanzar a Good Time no nos saque del eje. En su mirada detenida se condensa la adrenalina, descansamos allí esa incertidumbre de preguntarnos cuál será el próximo paso, tentados a creer, como él, que con la perseverancia necesaria se puede salir victorioso. Una desesperación intensa y sutil, vestida con harapos de esperanza, que se potencia gracias a una impecable banda sonora (Oneohtrix Point Never) que interpela a ese rostro otrora vampírico juvenil, hoy en indiscutible ascenso indie de culto.

En conclusión, Good Time triunfa al poner la tensión en Pattinson, ofreciéndonos un recorrido desenfrenado por situaciones atípicas y delirantes que logran ensamblarse gracias a la construcción del mentado antihéroe, proceso interesante que, por momentos, lamentablemente, nubla subtramas y descuida el potencial de su núcleo dramático. El film ofrece una visión deforme de una realidad igual de deforme donde los ideales, el instinto de supervivencia y el caos se entrelazan para dejarnos con el pulso acelerado, una extraña melancolía alojada entre las sombras y un sabor de boca inequívoco: los buenos tiempos (como la suerte) no son eternos… Entonces, ¿existe aún la posibilidad de redención?

En conclusión

Good Time: viviendo al límite (Josh y Benny Safdie, 2017) es un thriller eficiente que apuesta fuerte a la empatía con su antihéroe, convenciéndonos de seguirle los pasos por una serie de peripecias tan crudas como disparatadas, logrando un tono convincente, reflexivo desde la periferia y pasional.

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