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FICIC 2017: Tercera Crónica


El viernes Cosquín volvió a regalarnos una jornada de sol y de buen cine.

Además de una nueva pasada del Mini FICIC con una respuesta de público destacada y de nuevas tandas correspondientes a la Competencia de Cortometrajes y de Cortos de Escuela, se realizó la charla sobre “Las letras del cine: la revista de papel en la era digital” en la que participaron Rodrigo Moreno y Juan Villegas (Revista de Cine) y Martín Alvarez y Fernando Pujato (Cinéfilo).

Dentro de la Competencia de Largometrajes se exhibieron 4 filmes: Le Parc (Damien Manivel), Toublanc (IvanFund), 66 Kinos (Philipp Hartmann) y JovensInfelizesouHomem que Grita Nao E UmUrso que Danca(Thiago B. Mendonca).

En Toublanc,Fund traspone cuentos de Saer en líneas narrativas paralelas que utilizan el policial para desarrollar dos historias en las que participan un detective en Francia y una profesora de francés en Santa Fe, mientras un caballo aparece y desaparece misteriosamente. El investigador que pasa sus días entre su hijo y cierta soledad en la Ciudad Luz debe regresar a su lugar natal para resolver el asesinato de un joven obrero, mientras que la profesora, que vive también su soledad, un día encuentra en la puerta de su casa un caballo y acto seguido es interrogada por la presencia de un cuerpo encontrado en un baldío vecino. Una cámara que se posa en los detalles y en un tiempo que no apura ni se apura construyen este policial disperso y fragmentario que se apoya en sus personajes.

66 Kinos es un recorrido que el director realiza con su anterior película a través de los cines de su país registrando no sólo las salas sino también a sus dueños y la forma en que las proyecciones, con los cambios tecnológicos, van variando una cosmovisión y también planteando una reflexión sobre el futuro cinematográfico. A través de esta especie de roadmovie o viaje de aprendizaje Hartmann (que está visitando el FICIC y participando de las proyecciones y de los eventos con una bonhomía y una campechanía asombrosas, además de un dominio del español que le permite un acercamiento con el público sin mediaciones) va pintando un panorama sobre el cine y la exhibición en Alemania, a partir de esta red de distribución independiente y apuntando preguntas sobre el fílmico y el digital, los proyectoristas y su pasión y un mundo (el del cine) que aún no sabe su destino.

JovenesInfelizes… es una bomba cinematográfica con una potencia arrasadora y arrolladora que se lleva puesto todo (política, religión, cultura) a partir de una puesta en escena que cambia de registro y de formas constantemente y que dispara múltiples reflexiones por cuadro y por segundo. Contada de atrás para adelante, desde el epílogo hasta el primer encuentro de estos personajes,un colectivo de jóvenes teatristas, que conforman una célula entre terrorsita y anarquista dispuesta a cambiar el mundo. Con un linaje evidente con las miradas post mayo del ’68 y las filmografías de Pasolini, Godard, Glauber Rocha y también con cruces que van desde Lynch a Maddin pasando por Zyberberg y el musical (la banda sonora es inspiradísima y muy inteligente en su uso), este filme político, sexual y filosófico aumenta su poder por las mismas contradicciones que plantea y expone. Fotografías, homenajes al cine, canciones, usos de lo teatral (Brecht, Beckett, teatro moderno, performances) se dan cita en un entramado que aborda lo social desde la participación activa en las calles, en las manifestaciones y pasando de la resistencia a la acción. Una bocanada de aire fresco que derrocha insatisfacción, malestar, vitalidad y a pesar de todo una esperanza. Dar cuenta de que en el pasado estaba ya el futuro, apenas con una foto, es de una sutileza y de una inteligencia elogiables.

Dentro de la sección “Nuestros Autores” se proyectó El día nuevo de Gustavo Fontán que inicia una nueva trilogía (después del ciclo de la casa y del río): la de las distancias. Siguiendo la vida de Héctor Maldonado la cámara del director nos regresa a las orillas del río y a una manera de transitar el tiempo que se vuelve rutina y novedad, repetición y diferencia. Podemos pensar que la corporalidad se va imponiendo desde aquella ausencia planteada en La orilla que se abisma, que luego se torna fantasmática en El rostro para deslindarse en un protagonista que quiere estar y en una que no, mientras un coro familiar los rodea en El limonero real, hasta llegar a esta presencia que se impone en la pantalla pero a la vez se aúna con el paisaje. La voz en off de una mujer que relata como una letanía, y a partir de una narración poética, -con sus repeticiones y sus ritornellos-, situaciones que no describen las imágenes y que sugieren otros tiempos y otras vidas,no busca sino acrecentar su ausencia que todo lo tiñe.

La puesta en escena jamás cierra sentido. Las imágenes se muestran plenas y claras, sin efectos que las distorsionen. Las elipsis, los saltos temporales, las discontinuidades, arman ciclo y siempre hay un punto de fuga, un sitio al que no podemos acceder, un espacio privado e íntimo que da cuenta de toda imposibilidad de completitud y eso es toda una toma de decisión, además de estética, ética.

Por la noche y con un público entusiasta se exhibió una nueva película sorpresa en la sección “Trasnoche de Superacción”.