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Estreno Lulu de Luis Ortega


Rodada antes del éxito televisivo de Historia de un clan, Lulu, el nuevo largometraje de Luis Ortega, con personajes al borde de un abismo.

El amor fou de dos que hacen uno, Lucas y Ludmila: Lu-Lu. Dos Lumpen que deambulan por una Buenos Aires tan céntrica como border.

Lucas (Nahuel Pérez Vizcayart) es, como él se define, un seismesino arrojado a la vida, un cuerpo flaco y esmirriado, quizás por eso siente cierta fascinación de ser poderoso portando un arma, y disparándole a un “gigante de hierro”, el torso desnudo de Bottero que está frente a su casa, en Recoleta, aunque viva en situación de calle. En una pequeña casa en la ladera de un parque cercano al Palais de Glace (el lugar existió, no es ficción, y en efecto, ahí vivía una familia, luego fue demolido en el transcurso de la película). Ludmila (Ailin Salas) tiene una familia con la que mantiene algún contacto, especialmente con su hermano, que vive en Lugano. Ella se moviliza en una silla de ruedas, aunque ya no la necesite, según su médico. Tiene una bala alojada en su cuerpo, producto de un disparo accidental (suponemos que de Lucas). Pero Ludmila quiere tener algo más de Lucas, quiere muchos bebes con él. Y como eso no sucede, roba uno que supone tuvo con otra chica. Pero todo esto que en la letra parece tremendo, en Lulu es casi ingenuo y lo paradójico es el momento del rescate, con una carga de violencia superlativa.

Hay en Lulu cierto aire al cine de Leonardo Favio, en la infancia desprotegida de Crónica de un niño solo y en la extraña pareja de El dependiente, y por oposición, si en esta última primaba la inmovilidad, en Lulu todo es moverse, alboroto, deambular por la ciudad, que está poblada de seres invisibles, en los márgenes, como El muerto, que vive entre las raíces de esos árboles gigantes, vecinos a la casilla que habitan Lucas y Ludmila, en una de las zonas más caras de la ciudad. Y como esos parques son visitados por niños de colegios, que parecen no ser del barrio, a Lucas y Ludmila se les ocurre hacerles un gran asado, comprando toda la carne de una carnicería, quizás porque Lucas trabaja de recoger la grasa y los huesos desechados de esos lugares. Pasa parte del día en la caja de un camión conducido por un tipo que toca el clarinete mientras maneja (Daniel Melingo). La galería de pesonajes de Lulu, van componiendo un entramado con múltiples capas de significado, que sin perder de vista a la pareja central.

lulu

La labor de Nahuel Pérez Vizcayart es descollante en cada gesto y movimiento exacto en un personaje de aristas arriesgadas de un marginal querible, aún en los momentos extremos. Ailin Salas brinda perturbación y misterio en dosis justas.

En conclusión

La densidad del relato no es una mera muestra de pornografía de la miseria, sino una radiografía (como la que muestra la bala clavada en el cuerpo de Ludmila) de una sociedad atravesada por múltiples historias y seres que Luis Ortega capta en Lulu, producto de observar y hacer visibles a esos marginados que existen, aunque no queramos ver, para ponerlos en un primer plano no contemplativo.

Puntaje 4 4/5
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