Charlamos con

Entrevista con la directora Anxos Fazáns por su trabajo en A Estación Violenta


En el marco del último BAFICI Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, tuvimos la oportunidad de charlar con la directora gallega Anxos Fazáns por su ópera prima A Estación Violenta.

¿Cómo surge la idea de adaptar A Estación Violenta?

En realidad la idea surge del productor, que es el amigo del escritor Manuel Jabois. Fue un proyecto que les llevó varios años. En el 2015 estaban avanzando con el guion pero ya estaban pensando en alguien para la dirección y ahí entro yo.

Coincidimos en el estreno de Las altas presiones de Ángel Santos. Yo estaba presentando algunos cortos y empecé a leer la novela y, a medida que avanzaba, me daba cuenta de que había muchos temas que conectaban conmigo, por la forma de pensar que tenían los personajes.

¿Y fue todo un desafío pasar de trabajar en cortos a tu primer largo?

Si, pero no tanto como parece. Yo en mis cortos siempre quería que mis personajes conectarán con el público. Pero a veces no lo conseguía, ya que eran como inicios de historias. Entonces ya tenía muchas ganas de pasar al formato de largometraje, donde tenés más tiempo para desarrollar.

Tuve un año para reescribir el guion o corregir ciertos temas. A veces en un corto todo es más ágil. Acá tuve el espacio para sentirme cómoda y pasó más de ser una adaptación a mi propia historia. Y era justo, ya que a pesar de que era un trabajo por encargo la productora estaba acostumbrada a realizar cine de autor.

¿Y pudiste poner parte de tus experiencias en el resultado final o el guion aún así estaba bastante cerrado?

La verdad es que fue una adaptación bastante libre. El film tiene capas donde el espectador puede identificarse. Porque por un lado está el retrato de una generación que es mayor que yo y que se siente en decadencia, llegando a la madurez pero muy tarde. Pero también hay un reflejo de mi generación, de  aquellos que estaban entre los 20, hablando sobre la frustración y la melancolía, al no encontrar trabajo, perder la fe en el futuro y las posibilidades. Todo está en la película.

¿Los actores ya estaban seleccionados cuando vos entraste al proyecto?

Cuando yo empecé había una lista de actores pero la única que quedó fue Nerea Barros (La isla mínima). El resto del elenco se manejó por casting. La elección de Alberto Roláne me gustó mucho porque tenía una mirada capaz de transmitir palabras sin decir nada. En el caso de Laura Lamontagne, la chica que canta, no es actriz pero tiene mucha magia con la cámara.

¿Ya se estrenó comercialmente en España?

Se va a estrenar el 31 de mayo en Galicia, Madrid y Barcelona. En varias salas que proyectan cine de autor específicamente.

Acá en Argentina es difícil que una película independiente y ópera prima llegue a un estreno comercial, ¿pasa lo mismo en España?

Si seguro, existen estos espacios de cine independiente fuera de los festivales. Lo difícil es llegar a los centros comerciales.

Y volviendo a la parte técnica del film ¿por qué decidiste filmar en 16 mm?

Iba muy en tono al contraste que queríamos buscar en la historia, con imágenes más oscuras. También porque te limita a trabajar con menos ensayos y estar más controlado en lo que filmás. Y lo normal es pasarlo a digital cuando terminás, más que nada porque editar en 16 mm no tiene beneficios reales. Si trabajo directamente en digital es un formato que presenta mucha nitidez, que sirve para la acción o ciertas escenas. Mientras que el fílmico es algo más íntimo.

¿Ya estás planeando un proyecto a futuro?

Sí, estamos terminando un cortometraje documental. Es un proyecto colectivo entre cuatro directoras. Es un corto sobre un poeta portugués llamado Osório que esperamos estrenar este año. Estoy iniciando también otro documental, para ir cambiando el ritmo, ya que la ficción lleva mucho tiempo.