Entrevistas

Entrevista con Fernando León de Aranoa en el marco de Espanorámas


“Lo de menos es donde transcurre esa historia, lo que importa es la cercanía que tengas con el material transcurra donde transcurra”, aclara Aranoa; director de Un día perfecto presentada en el marco de la muestra de cine español, Espanoramas.

En el marco de la muestra de cine español, Espanoramas 2016, celebrada en Buenos Aires, hablamos con el director de Los lunes del Sol, Fernando León de Aranoa; que exhibió ahora su última obra, Un día perfecto.

El director madrileño Fernando León de Aranoa pasó por Buenos Aires para presentar Un día perfecto, film que narra las diversas circunstancias que debe atravesar un grupo asistentes sociales en medio de la guerra de los Balcanes a mediados de la década del ´90. La película es la primer producción angloparlante del director que ganó múltiples reconocimientos por sus obras anteriores: Barrio -1998- Los lunes al Sol -2002- Princesas -2005- y Amador -2011- entre cortos y documentales. Además está integrada por un notable elenco internacional: Benicio del Toro, Tim Robbins y Olga Kurylenko

“Lo de menos es donde transcurre esa historia, lo que importa es la cercanía que tengas con el material transcurra donde transcurra”, aclara Aranoa, “En este caso fue la novela de Paula Farías, de la que escuché hablar cuando hacía un documental en África para Médicos sin fronteras. Me hablaron de la novela como un trabajo humanitario. Me interesó mucho lo que cuenta, el pretexto argumental, el punto de partida. Esa idea de tener que extraer un cadáver de un pozo para potabilizarlo y que la gente pueda beber. Es una rutina y una crueldad. Al final es un trabajo para ellos, de lo más monótono y rutinario, y en realidad estamos hablando de regresar agua a toda una zona. Pero me gusta como está narrado desde esa óptica: es trabajo. Es como si fuera un plomero que tiene que regar las cañerías de un país en guerra. Luego, también es importante una proximidad que yo tengo con el tema, y es que durante muchos años he hecho documentales para gente que está en la ayuda humanitaria. El primero fue en 1995 en Bosnia. Después con Médicos sin fronteras en Etiopía y Somalia varias veces y me ha dado una percepción directa del trabajo de estos tipos. Como lo enfrentan, desde las dificultades y la frustración, pero también de un espíritu muy enérgico que me atraía mucho. Esa percepción de primera mano de su oficio fue uno de los atractivos y debía plasmarla en una película. Cuando apareció la novela de Paula, me pareció que la conjunción de las dos cosas era suficiente para hacerla”.

¿Que desafíos te presentó trabajar con un elenco internacional y una distribuidora como Universal? ¿Eso influyó que el producto final sea más clásico que tus anteriores obras, con respecto a la puesta y la narración?

La producción de la película es 100% española, por lo tanto tuvimos la suerte de contar de lo mejor de Hollywood como Benicio, Tim Robbins y Olga, pero producir como se hace en España que sigue siendo muy artesanal, donde el director tiene mucho control sobre el material. También tengo la suerte de producirme y contar con socios que confían en mí y aceptan que el director siga siendo el autor, para bien o para mal, en cuanto que eres tú el que tiene una visión global de la historia y tratas de plasmarla. Entonces, eso me permitió hacer la película que yo quería hacer, pero con medios y actores tan buenos. Eso no influye tanto. Yo creo que en la estética de la película influyen mis ganas de contar de manera diferente esta historia con más energía, guiándome más de mi intuición o instinto y de no tener todo tan medido y contenido como otras veces. He intentado probar algo nuevo. Espero que eso esté en la película. Esa forma de rodar más desinhibida y fresca. Traté de acercar la estética a su contenido, a la manera en la que yo veo que trabajan esos personajes, que es la intuición e improvisación también.

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Algo que distingue a tus películas es que en situaciones muy adversas, siempre podés encontrar una cuota de humor como mecanismo de defensa de los personajes.

Sí, el humor en mayor o menor medida casi siempre está en mis películas. Estaba en Los lunes al Sol, que era un tremendo drama y también en Barrio. Acá creo que es más extremo. Por lo que cuenta, porque no deja de ser una guerra, yo sentía que el drama debía ser más extremo y por tanto, como consecuencia, como un juego de contrarios el humor debía ser más extremo. Así hicimos la película. Es como siento que es la vida y me gusta contarla, y también es parte de la realidad. Cuando yo andaba con los de Ayuda humanitaria, una de las cosas que más chocan al principio pero enseguida comprendes es que necesitan hacer humor, a veces descarnar lo salvaje del todo. Hasta de la situaciones más dramáticas, porque sino no se soportaría. Es un mecanismo de defensa, que ayuda a entender mejor las cosas y poner distancia sobre ellas. Es catártico, libera energía y tensión. Todo ese humor era inevitable en esta película.

En el film se critica la intervención de organismos internacionales, como Naciones Unidas, en sitios en conflicto, donde los problemas los terminan solucionando los propios habitantes.

En una zona en guerra, luego de dos o tres años, está todo caotizado y cansado. Hay una cierta apatía también. Esa crítica al funcionamiento de los organismos internacionales forma parte de lo que pretende contar la película, donde cada parte conforma el todo de un conflicto. Todos los agentes involucrados en una guerra, incluyendo los organismos internacionales, contienen esa falta de sentido común. Para mí es un lugar donde gobierna la irracionalidad y eso hace que nadie esté actuando realmente como debiera. Si algo encarnan los trabajadores humanitarios, no es el heroísmo o la épica, sino el sentido común. Es tratar de decir, hagamos que las cosas simples funcionen: hagamos que la gente tenga agua. Eso se convierte en algo muy difícil por la propia naturaleza de la guerra está todo trastornado. Gobierna el absurdo y sin sentido. Está presente en las comunidades vecinas, donde hay gente que vende el agua para sacar provecho de los locales, y está presente en los protocolos y burocracias, que a veces limitan mucho los movimientos y está todo orientado a frenar la acción. El impulso de los humanitarios es resolver e intentar avanzar. Eso es complicado por la cantidad de trabas de todo tipo que se ven, incluyendo la burocracia.

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¿Cómo fue transformar Granada en los Balcanes?

Fue sencillo porque se parecen mucho. Es el mismo paisaje mediterráneo, con el mismo tipo de vegetación y montañas. Era importante transmitir algo que me impactó en el 95, que era el contraste entre la tragedia de lo que estaba pasando y la belleza del paisaje: los cielos azules, los horizontes, la imagen brillante. Me parece que era algo que había visto poco en el cine bélico. Se tiende a contar todo desde lo gris u oscuro. Me llamó mucho lo contrario. El contraste entre esa energía enorme, esa naturaleza tan llena de vida y el drama que se vivía allí. Cuando empezamos a trabajar esta película es algo que hablé con mi director de fotografía, y es algo que pusimos como objetivo: contarlo como yo lo viví y reflejarlo en la pantalla. Por eso, la presencia de la naturaleza, además que es una zona muy bella como son los Balcanes. Era un retrato de la realidad.

¿Pudiste exhibir la película en la zona de los Balcanes? ¿cómo fue la respuesta?

Sí, la película tiene distribución en Bosnia, Croacia y Serbia. Tuvimos la premiere en el Festival de Cine de Sarajevo, que es además muy cercana a la guerra porque nació en pleno cerco. Presentamos la película en una plaza al aire libre para más de tres mil personas. Era una gran responsabilidad, porque si bien se podría haber contado en cualquier conflicto o en otra guerra, al final lo contamos en la suya, y obviamente hay una responsabilidad añadida para que no se sientan traicionados. Estuve con Benicio del Toro y fue hermosa la experiencia. Recibieron muy bien el humor, y lo agradecieron porque lo entendieron como propio. Estando en el año 95 me gustó mucho la gente, la enorme dignidad con el que sobrellevaban la situación tan dura y difícil. Es un pueblo muy fuerte y culto. Eso lo intenté llevar a la película. Al terminar la película me decían: “tu sentido del humor es bosnio”. Supongo que Bosnia y España son pueblos parecidos, mediterráneos, con una mezcla enorme de culturas y una fuerte influencia árabe también. Algo hay común.

Los pobladores les terminan dando las herramientas a los protagonistas para salir adelante. Los que necesitan ayuda, terminan ayudando a la Ayuda humanitaria.

Hay una enorme sabiduría en la gente local porque son los que mejor conocen su país, pero también su guerra. La idea de caminar tras una reata de vacas para protegerte de las minas es algo que sucede, también se hace con perros. Es instinto de supervivencia y pasa con los niños. El retrato del personaje de Nikola es un recuerdo que teníamos grabado de aquella época. Los niños aprendían inglés de los cascos azules, en una semana, los justo para negociar con ellos, para obtener dinero, una pelota o cualquier beneficio. Esa malicia es necesaria y supervivencia, y los trabajadores humanitarios prestan atención porque es una manera de saber moverse mejor en el terreno, porque ellos van cambiando de lugar y ninguna guerra es la suya, aunque participen en todas. Tuvimos muy en cuenta eso, ver a los locales, también presente en el personaje de Damir, el intérprete, y mostrar el respeto que me transmitieron en esa guerra, es gente a la que le duele ser ayudada. Es un pueblo muy digno y lo aceptan porque la necesitan, pero sin perder la dignidad.

¿Cómo fue trabajar con un elenco multiétnico?

No fue muy distinto que con los españoles. La dificultad fue la coralidad de la historia. El hecho de tener que trabajar secuencias en las que compartían el espacio 5 o 6 actores. Pero eso siempre es difícil, sean españoles o de otro lado, porque tenes que encontrar con cada uno de ellos la frecuencia o el punto de conexión, y luego, no todos específicamente trabajan de la misma manera, cada uno tiene una procedencia diferente. Tenía una actriz como Mélanie Thierry que trabajaba de una manera muy intuitiva, desde la verdad, contrastando con otros actores que tenían un trabajo más minucioso atrás, todo estaba mucho más elaborado. De manera que son formas muy distintas. La dificultad consiste hacer todo eso compatible y sobretodo que no se note en la gran pantalla. Ese es el gran reto. Tenés intérpretes como Javier Bardem o Benicio del Toro, y a veces comparten escenas con un actor con poca experiencia, con apenas 2 o 3 películas atrás, y eso no debe notarse en la pantalla. Eso es trabajo del director, pero también de ellos, por supuesto. Cuando trabajas con actores muy buenos, la energía se contagia y hace que todo el mundo coloque el estándar muy arriba y todos quieran estar en su mejor capacidad. Eso beneficia a todo el elenco. Los actores buenos arrastran a otros actores a estar en su mejor nivel.

Tim Robbins ya viene trabajando en España hace unos años. ¿Lo ves cómodo actuando en películas españolas?

Yo pienso que a ellos lo que les atrae son los proyectos concretos. Si es en España, bien y es en Estados Unidos o Argentina, perfecto. No creo que eso sea determinante. Tienes que encontrar tu conexión con el director y atraerte el material. En el caso de Tim, yo creo que lo sedujo de entrada el personaje que interpreta. También el tema. Hacer una película sobre trabajo humanitario que no es tan habitual, que no se hicieron tantas, por cierto respeto compartido por ese oficio. Y en particular, B, su personaje, entendía muy bien lo que traía a la película. Esa energía, yo le decía, que si la película fuera músical, sería punk rock. El género del film es punk; no quería una obra donde no se pensara todo tantas veces, ni reflexiva o conmiserativa sobre el horror de la guerra, sino contarlo con la misma energía que tienen los ayudantes humanitarios. Rápida, muy reflexiva por momentos. Es mejor actuar y equivocarse que no actuar. Aunque te equivoques en 3 de cada 10, pero 7 aciertas. Eso es lo que cuenta y quería que el film hiciese honor eso, que tenga un ritmo muy alto, en permanente movimiento y que no se quede estancada nunca en la pena, la conmiseración, la lástima. Me parece que no habría sido justo hacia ellos.

Los lunes al Sol fue una de las primeras películas que habló de una crisis económica y el desempleo en España. ¿Cómo ves la situación de entonces y de ahora? ¿Cómo repercute eso en el cine y a los directores?

Los lunes al Sol se hizo en un momento en que no estaba tan disparada la crisis económica en Europa, no solo en España. Hemos pasado por momentos mucho más difíciles. Yo creo que España es el segundo país de Europa con índices altos de desempleo, hay alrededor de 5 millones de parados, a veces más. Es una cantidad enorme. 20 y tanto por ciento de la población activa, y eso se ha sentido en muchas cosas. También en nuestro sector. Nunca a lo largo de los años había visto tantos compañeros haciendo otras cosas. Encontrarte a otro director conduciendo un taxi, por ejemplo, no era habitual antes y últimamente lo ha sido. Se ha notado mucho. Si hacer películas siempre fue un oficio difícil, ahora es un poco más. No han ayudado mucho las últimas regulaciones que se han hecho. El IVA cultural es altísimo. Las entradas están grabadas con un 21% de impuestos. Los fondos de ayuda que había, que ya eran pequeños, ahora se redujeron todavía más. Hacer cine sigue siendo difícil. Es verdad que he producido con bastante distancia entre las películas, pero siempre me ha costado poner en pie cada una de ellas.

¿Cuál es tu próximo proyecto?

Uno siempre está con varios,  porque no sabe cual va a salir primero, pero hay uno más grande que los otros, y es sobre Pablo Escobar, que hace tiempo tengo planeada con Javier Bardem, precisamente. También Penélope Cruz tendría una presencia destacada. Si todo va bien empezaríamos al final de este año. De momento, va bien y es bastante factible. Estoy reescribiendo el guión pero es el proyecto más a mano. Esta película intenta contar ese momento, particular de Colombia, pero también de América. La manera en la que todo lo que pasó alrededor de él influyó, no solamente en el mundo del narco que es el de las drogas, sino en la política; cómo influyó en la política exterior de Estados Unidos. El terremoto y la sacudida que supuso, contada desde un personaje, que, al final, fue el que se encontró de bruces con ese negocio cuando aún no existía, y tuvo el dudoso honor de haber sido el pionero. Eso y su propia personalidad lo revisten de algo mísitco, que lo hace más interesante.