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Entrevista a Darío Lopilato por ¿Qué puede pasar?


Darío Lopilato vuelve al cine con ¿Qué puede pasar?, film codirigido por Andrés Tambornino y Alejandro Gruz y coprotagonizado por Grego Rossello. El actor se refirió a este nuevo protagónico, su vínculo con la comedia y sus ganas de incursionar en el drama.

Laila Rott: Es tu vuelta al cine a nivel protagónico, ¿qué te llevó a decir que sí?

Darío Lopilato: Esta es mi sexta película. Aunque esta vez la cuento más desde el lado del protagónico. Es una aventura no tan alejada de lo que uno puede vivir con esos amigos que te meten en líos. En esta película se destaca la amistad ante todo, es lo que prevalece siempre. La verdad que con Grego Rossello se generó una gran dupla. Hoy en día hay una ausencia de la dupla cómica y creo que acá estuvo muy presente. Al principio cuando leí el guion no fue algo que me haya partido la cabeza. Pero después vi el lugar desde donde se contaba, eso de que cada personaje tiene vida propia y un mundo diferente. Además se generó un equipazo de trabajo.

LR: Dijiste que el guion no te rompió la cabeza. Justamente, cada vez que al principio no te gusta un proyecto termina siendo un éxito.

DL: Eso es muy real (risas). Al principio me pasaba eso. Mi hermana y mi papá me lo recuerdan todo el tiempo. Acá también sucedió. Cuando me dan un guion, no importa para qué medio, si lo leo y no me gusta, mi viejo y mi hermana me dicen “Hacelo”. En esta película pasaba algo similar. Cuando leía el guion me parecía que quien hiciera de mi amigo tenía que ser mi amigo de verdad por el tipo de relaciones y situaciones que padecían los personajes. Y esa química era muy difícil de generar. En el caso de Casados con hijos, por ejemplo, con Luisana hacíamos de hermanos y ahí ya había un terreno ganado en el vínculo. Acá fue todo una locura, mucho más rápido. Ensayamos dos semanas y salimos directo a la cancha.

LR: En esa dupla trabajaste con Grego, un chico que viene del palo de las redes sociales. Un mundo en el que vos no estabas muy metido.

DL: Sí, es un actorazo. Fue una linda fusión. Al principio yo estaba cero metido en las redes sociales. Me costaba romper la cuarta pared con el público. En las redes estás actuándote a vos mismo, un reality show propio. Informás lo que vos querés informar y tenés una comunicación directa con el público. En ese sentido me encanta. Por ejemplo, con mi personaje de Mi hermano es un clon me empezaron a mandar mensajes los chicos tartamudos y me agradecen por no haber caído en un cliché. Esos comentarios en vivo son muy importantes y te abren un aspecto que hace un año no tenía en cuenta.

LR: A su vez trabajaste de nuevo con Emilio Disi en la que fue su última película, ¿qué recordás de la experiencia?

DL: Yo había hecho teatro también con él y en esas temporadas vivís un montón de cosas: muchas cenas, encuentros. Lo quería mucho. Él me vio crecer de a poquito. Pensá que desde Casados con hijos que nos conocemos. Fue un gran placer y honor que él me haya visto contando esta historia, desde un lugar más protagónico y apostando todo el tiempo por lo que me gusta. Me acuerdo de los almuerzos en el rodaje, donde hablábamos de lo bien que estaba quedando la película. Fue bárbaro. Yo lo recuerdo todo el tiempo y siempre me voy a quedar con las cosas lindas que me decía. Me llenaba de elogios. Era un tipo que apostaba a los nuevos comediantes todo el tiempo. Fue muy fuerte todo lo que pasó.

LR: Si bien es tu sexta película, gran parte de tu carrera la desarrollaste en la televisión y tu cara quedó asociada con ella ¿el cine era algo anhelado por vos?

DL: Sí, es algo que me encanta. Me parece que está bárbaro. Aunque, como decís vos, mojé los piecitos nomás. Yo siempre digo que el teatro es la parte más artesanal del actor, la televisión es la parte donde vos podes encontrarte y trabajar todos los días, pero en la película vos armás todo previamente hasta que no podés cambiar nada más. Cuando llega la escena tenés que mantener la misma conducta, la misma relación en todas. Te corre una adrenalina que es increíble.

LR: ¿Por qué considerás que sólo pudiste mojar los piecitos?

DL: Considero que tiene que ver con las elecciones que uno va tomando. Son momentos. Me parece que esta película llegó en el momento adecuado. Si hacés televisión, no podés meterte en cine o si estás con una película no podés encarar un proyecto de teatro. Me pasó que durante siete años estuve haciendo teatro sin parar con Bajo terapia y Entretelones. Eso tampoco era algo que me imaginara, no me veía tanto tiempo haciendo teatro. Pero justo se dio que tenía un bache hasta las vacaciones de verano y me llegó este guion. Cada trabajo tiene su momento en el que estás preparado para encararlo y te deja su enseñanza.

LR: En su momento habías hablado de las ganas de armar una productora con tu papá ¿sigue en pie?

DL: Logramos hacer dos pilotos muy lindos. Un policial adolescente y una sitcom. A uno como actor siempre le gusta generar laburo. Obviamente que en el futuro me gustaría producir mis propias cosas. Tengo ideas locas. En un viaje de tres meses escribí una película en la computadora. Ese guion parte de una situación cómica. Lo que genera risa me encanta. Me fascina vivir la comedia, sentirla. Esa historia tiene que ver con cosas desafortunadas que le pasan a un pibe joven, que vendría a ser yo. Quizás, quién te dice que en algún momento la pueda llevar a cabo. El deseo de la productora con mi viejo siempre está, estoy seguro de que en un futuro se va a venir. Hoy con las redes sociales todo es más fácil. Cuando uno tiene las ganas de actuar y armar algo, lo hace.

LR: Nombraste la situación cómica y gran parte de tu carrera se asocia a la comedia ¿es algo que te sienta cómodo o quisieras ir también hacia otros rumbos más dramáticos?

DL: Pienso que la comedia es algo que se puede encarar desde varios lugares: el drama, la acción, el romance. Es más, toda comedia tiene un drama. Considero que he hecho otras cosas que salían de lo clásico de risas. En Nafta Súper encaré algo totalmente distinto. Me encantó sentirme un superhéroe argentino. Es más, cuando terminé Casados con hijos me llegó la propuesta de hacer El capo, donde interpretaba al hijo de Roberto Carnaghi. En ese entonces, quedé ternado en los Martín Fierro pero como Mejor actor de reparto en comedia y no era una comedia eso. De todos modos me encantaría también seguir por el camino del drama. Los profesores de teatro siempre te dicen que hacer reír es muy difícil y recuerdo que en la escuela de Raúl Serrano un profesor insistía en darme escenas dramáticas. Yo siempre me peleaba y le reclamaba que me dejara hacer alguna comedia o grotesco argentino. Me contestaba que no, que eso ya me salía naturalmente y que apostara por aquello en lo que nadie estaba acostumbrado a verme: el drama.

LR: ¿Pero sentís que el medio te da esos espacios para vincularte con el drama?

DL: No lo sé. Pero si no te los dan, te los tenés que hacer. Hoy los medios cambiaron mucho y hay diversos formatos. Las nuevas plataformas son un espacio enorme. El tema es estar en el momento justo, indicado. Cada vez que me llaman a hacer un casting, yo voy y lo hago sin dudar. Me parece que el 50 por ciento del trabajo es el casting. Ahí te dan la posibilidad de mostrar las cosas que a vos te gusta hacer. Para mi anterior película, Solo se vive una vez, me llamaron para audicionar y fui.

LR: Tu primer gran papel en televisión fue con Casados con hijos, serie que aún se repite. En su momento, Flor Peña dijo que esa vigencia hacía que quedara encasillada en cierto tipo de personajes, ¿en algún momento pasó de ser un salvavidas que te lanzó a la popularidad a un ancla que te fijó en un lugar?

DL: Para nada. Imaginate que yo venía remándola hace mucho. Soy Licenciado en Ciencias del Ambiente y Técnico electrónico. La carrera la fui haciendo poco a poco. Tengo hechos más de 110 comerciales. Me organizaba de tal manera para hacer casting bien temprano a la mañana y cursar a la tarde o noche. Todo depende de uno. Me parece que el actor tiene que estar preparado. Casados con hijos sigue siendo un éxito y, a veces, no podés ir en contra de los éxitos. Hacer reír es tan complicado y tan sano. La gente te para y te agradece por las risas que les provocaste. Hay toda una generación que creció viéndome ahí, es casi como El Zorro o El Chavo. Coqui fue para mí como un primer amor, fue el personaje que me hizo romper la pantalla y demostrar que todo lo que hacía era creíble.