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El reino de la corrupción de Rodrigo Sorogoyen


Rodrigo Sorogoyen dirige y coescribe la película El reino de la corrupción, que ganó unos cuantos premios Goya y cuenta con un gran protagónico de Antonio de la Torre.

Antonio de la Torre es Manuel López Vidal, un político querido y con una buena vida: almuerzos caros, paseos en yates privados, mansiones como hogares junto a su esposa y su hija. Toda la película lo seguiremos a él, quien a partir de una primera denuncia colateral, pronto resulta ser el chivo expiatorio, para quedar hundido y aplastado por quienes supieron ser sus colegas y cómplices. Esto pone a su protagonista en una situación poco cómoda de la cual intenta salir como puede, mientras pierde contactos, su familia amenaza con resquebrajarse y se convierte en alguien rechazado por la gente común.

El reino de la corrupción es un ágil thriller político dirigido con solvencia y al mejor estilo norteamericano, y a veces más televisivo, con un buen uso de unos notables planos secuencia. La banda sonora está compuesta mayormente de melodías electrónicas que acentúan el ritmo de thriller aunque, sobre todo en la primera parte, puede parecer excesiva.

El film comienza con una de esas secuencias que demuestran la buena vida del político para luego narrar su caída hasta llegar a un rico enfrentamiento televisivo con una ambiciosa periodista (Bárbara Lennie) que dejará una sensación ambigua y varias cuestiones para preguntarse y preguntarnos.

“Si de verdad quieres cambiar las cosas en el mundo, debes hacerlo desde adentro, con poder real”, eso dice y se dice Manuel para no verse a sí mismo sólo como un político corrupto. Negación y cuando ya no encuentra otra salida, no hundirse solo. Salvarse el pellejo como pueda, eso espera Manuel hasta último momento.

Sorogoyen no se preocupa por desarrollar las tramoyas y mecanismos de estos casos de corrupción (se sabe que se quedaban con dinero que no les correspondía y no mucho más al respecto), sino que prefiere centrarse en lo que le pasa al personaje, en este hombre que es culpable y víctima al mismo tiempo. La actuación de Antonio de la Torre es efectiva y compleja, consigue parecer simpático y caernos bien para luego mostrar su lado más oscuro y hasta patético cuando la desesperación le nubla el juicio.

En conclusión

Sorogoyen cuenta una historia de ficción que suena muy familiar y no sólo en España. Aunque no termina de profundizar en algunas cuestiones, es un interesante retrato sobre la corrupción en la política y nos posiciona en un lugar incómodo al respecto.

Puntaje 3
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