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El porvenir de Mia Hansen-Love


La directora Mia Hansen-Love estrena El porvenir, con una magnifica actuación de Isabelle Huppert.

Ya conocemos nuestro final. Por ese motivo la película se abre con un breve prólogo sobre una tumba: la de Chateaubriand, en Bretaña. De ahí en más, se recorrerán los vaivenes de la vida de Nathalie, profesora y escritora de filosofía. Con una madre psicológicamente inestable, un marido que la abandona por una mujer más joven, sus hijos que han dejado la casa, la relación con la editorial en la que publicó libros que parecen ser obsoletos y las esperanzas puestas en un brillante ex alumno al que ayudó a publicar.

Y a pesar de toda la filosofía que estudió, además de los ensayos de los que vive rodeada, sumado a los estimulantes intercambios de palabras con sus estudiantes y otros intelectuales aventajados, el camino de su vida tiene tropiezos y terrenos poco firmes.

A no llamarse a engaño por lo que puede tomarse falsamente como pedantería de barniz intelectual en los que, por momentos, parece impregnarse la película. Además podemos descubrir los pequeños actos cotidianos de cualquier mortal: corregir exámenes, preparar un pollo, asistir a una madre enferma, perder señal de celular o cuidar un rosal. Todo con la sencillez de la realizadora de Edén y aunado con citas a Hannah Arendt, Emmanuel Levinas, Rousseau, Pascal y Zizek, entre otros. Lo etéreo y lo contundente conviven en el universo de esta directora, en el que hay dolor y pérdidas pero también un luminoso lado de la vida.

En las pistas del guion de Mia Hansen-Love hay pequeños preanuncios de lo que va sucediendo lenta pero inexorablemente. Como migajas para seguir un derrotero. Allí están el diálogo de la protagonista con su madre que le dice que no debería haberse casado con ese hombre, las charlas de oposición con los estudiantes, hasta en la reunión con la gente de la editorial que le propone un «cambio de cara» para sus libros de filosofía.

No es esta una película con giros inesperados, ni altisonancias, ni grandes secuencias contemplativas. Todo es un fluir constante, porque en definitiva de lo que trata es sobre el tiempo, aún cuando su protagonista sea una intelectual que parece desafectada y fría y que puede perfectamente controlar sus emociones ante todos los hechos de la vida. Y aunque se trate de una mujer cercana a los 60 años que parece tiene poco por aprender, no son los libros quienes más le dan conocimiento. Podría decirse que una de las grandes enseñanzas las brinda una gata, Pandora, que ha heredado a regañadientes de su madre. En un principio, Nathalie se declara alérgica a los pelos y cree no poder convivir con el animal. Pero en sus desplazamientos desde París hacia los Pirineos la lleva con ella y aún escéptica de que la felina ha perdido su instinto y que una vez que se escapó no podrá sobrevivir en el bosque, Pandora regresa con sus sentidos intactos y le da a su nueva dueña una lección de adaptación tan pura y grandilocuente que uno no puede menos que pensar lo innecesario de pasar sus actos por el tamiz filosófico y racional.

Isabelle Huppert -quizás la mejor actriz europea de la actualidad-, pasando por su mejor momento de gloria luego de la nominación al Oscar, pero también el más luminoso de su madurez interpretativa, da el tono exacto del abismo emocional de una mujer que ya no trata de hacer la revolución sino de enseñar a los jóvenes a que piensen por si mismos. La película sería otra sin ella, o quizás nada. Porque su trabajo es TODO.

El último opus de Mia Hansen-Love es una película de cómo la desdicha se convierte en una posibilidad de libertad y esperanza. Y es estimulante que El porvenir no sea sólo una condición para los jóvenes, que rebosan futuro, sino también para alguien que ya ha transitado más de la mitad de su vida y sin embargo toma la decisión de seguir adelante.

En conclusión

El último opus de Mia Hansen-Love es una película de cómo la desdicha se convierte en una posibilidad de libertad y esperanza.

Puntaje 4 4/5
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