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El planeta de los simios: la guerra de Matt Reeves


Matt Reeves vuelve a ponerse tras de cámara para cerrar la trilogía con El planeta de los simios: la guerra.

Unas placas nos refrescan lo que pasó en las dos entregas anteriores de esta nueva versión de El Planeta de los simios (la primera dirigida por Rupert Wyatt y la secuela por Matt Reeves). Luego vemos en medio del bosque a unos soldados atacar a un grupo de simios. Allí se hallaba oculta la familia de César, quien supo convertirse en líder de su comunidad.

En esta película somos testigos de un César que parece más avejentado y cansado ya de luchar, escapándose, buscando paz quizás y temiendo convertirse en Koba -y al mismo tiempo comprendiéndolo-, aquel simio que por ser tan maltratado por los humanos terminó lleno de odio.

Pero un ejército liderado por un despiadado Coronel (Woody Harrelson, a quien siempre le quedan bien estos personajes extravagantes y algo perversos) y la inminente llegada de otro ejército mayor amenazan su raza. La lucha de los simios es por la supervivencia, ni más ni menos.

Entre el western y el cine bélico, El Planeta de los simios: la guerra es una película, por momentos, oscura pero definitivamente, más allá de ser la que menos protagonistas humanos tiene, la más humana. Y esto se ve reflejado, principalmente, con el personaje de la niña muda a la que “adoptan” durante su travesía.

Con la fotografía de Michael Seresin -a la cual especialmente los escenarios nevados le sientan como anillo al dedo- y una banda sonora compuesta por Michael Giacchino, Reeves logra cerrar la trilogía con la mejor película de la saga y esto se debe, también, a la magia de la tecnología de captura de movimiento que logra mostrar a los simios de una manera tan real que por momentos apabulla. Simios que se comunican principalmente a través de sus expresiones, de señas, sin palabras, y el César de Andy Serkis dice muchísimo sólo a través de sus ojos.

Mientras la primera parte es algo más lenta y oscura, la aparición de otro simio (conocido simplemente como “simio malo” y que termina siendo un personaje entrañable) permite al film respirar un poco con sus pequeños momentos de comedia. Es en el último tramo donde se desarrolla la mejor acción, donde la guerra a la que alude el título finalmente se sucede y donde queda en evidencia que los conflictos bélicos siempre terminan siendo propio de los hombres.

A la larga la película funciona como unidad y como cierre de trilogía al mismo tiempo, más allá de que tal vez el enfrentamiento prometido entre César y el Coronel deje gusto a poco, o de que el personaje de la niña no consiga la fuerza narrativa necesaria. Tampoco hay tanta acción como hubiese esperado uno por el título de este capítulo, pero esto le juega a favor porque, en su lugar, hay un mejor desarrollo de personajes, especialmente de los simios que acá parecen más humanos que nunca, o tan humanos como nos gustaría ser.

En conclusión

El planeta de los simios: la guerra es el cierre perfecto para una trilogía que supo superar expectativas y posicionarse como una de las más sólidas que hay entre tanta catarata de remakes, spin-offs y secuelas. Entretenida, humana, con un buen guion y una dirección notable, Reeves deja en evidencia que se puede hacer un blockbuster con calidad de autor.

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