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Con el viento de Meritxell Colell Aparicio


Cine y danza se conjugan para reconciliarse con el pasado en Con el viento, la primera ficción de la documentalista catalana Merixtell Colell Aparicio.

Mónica es una bailarina española que reside en Buenos Aires. Recibe un llamado del otro lado del océano en la que le comunican que su padre está grave. Al llegar a su tierra natal, en Burgos, este ya ha fallecido. Comienza así el reencuentro con su madre, su hermana y su sobrina. Tres generaciones con distintas maneras de pensar. Conforme transcurren las estaciones, Con el viento se convierte en una alegoría del paso del tiempo, del devenir climático del frío al calor y del regenerarse para sanar las heridas del alma.

La bailarina es discípula de Pina Bausch y, en algún momento, ha representado Café Müller, una obra que es espejo de lo que le ocurre en el momento que recorta la película: la incomunicación, la angustia, la melancolía. Y con la cámara la directora recrea una coreografía de gestos mínimos, con pura tristeza y fragilidad en las emociones.

La realizadora catalana Meritxell Colell Aparicio hace crecer su relato de manera muy pausada y minuciosa, con una primera parte quizás demasiado morosa, extasiándose en el paisaje y siguiendo, cámara en mano, a Mónica por la espalda para, lentamente, develar un rostro magnético e impenetrable. Su madre, en cambio, resulta ser una mujer que vamos descubriendo entrañable. La directora se vale de la mezcla de actrices profesionales, como Mónica García, Ana Fernández (Solas), Elena Martín, mezclándolas con gente del lugar donde fue filmada la película. Lleva mucho peso en el papel de Pilar, la madre, la debutante Concha Canal, que, a los 88 años, ingresa en el mundo de la actuación.

Bailar y vivir al compás del viento, que es caprichoso e impredecible, es la materia de la que está hecho el film. A un ritmo que es arbitrario y que no conoce de previsibilidad. Con las reglas de la naturaleza. Como la vida misma. Tiene como uno de sus ejes, el irse de la tierra natal para desarrollarse y alcanzar las metas y el precio que se paga por ese desarraigo. Además de los reproches familiares por no haber estado en momentos difíciles y de cómo se reconstruye ese entramado de relaciones.

Con el viento habla de un modo de vida rural que va desapareciendo, de silencios que tensionan y de sanar heridas a partir de gestos mínimos, como pueden ser un suéter tejido por una madre, el rememorar los sabores de la infancia o la sencillez de un juego de barajas. Habla también del regresar a lo simple de trabajar la tierra y volver a las raíces. Reconciliarse con el pasado es también tocar el barro, tener la sensación de pisar la nieve o reconstruir una vieja bicicleta. La danza es para Mónica su refugio y su forma de comunicarse, pero para quienes no la vieron desarrollar su arte, la elaboración del duelo y el cerrar las heridas la obligan a ir develando quién es y a reformularse hacia dónde va.

En conclusión

En Con el viento las emociones esenciales se conjugan con la danza como canal de expresión.

Puntaje 3 3/5
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