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Competencia Vanguardia y Género 21 BAFICI: El diablo blanco de Ignacio Rogers


El debut de Ignacio Rogers como director forma parte de la Competencia de Vanguardia y Género del BAFICI de este año. Una película de terror que sucede en los bosques de Tucumán.

Un grupo de cuatro amigos -formado por una pareja y por dos que supieron serlo pero hoy mantienen una relación de amistad-, llegan en auto a unas cabañas cerca de una laguna para unas vacaciones tranquilas y relajantes. Son un grupo de treintañeros que sólo buscan emborracharse y tener sexo. Sin embargo, a partir de la primera noche se irán sucediendo cosas extrañas e inexplicables. El aire inquietante se percibe al llegar.

El comienzo de la película es muy propio del cine de género, aunque es cierto no así tanto del cine de género nacional. Amigos que, alejados de la ciudad, serán acechados por “algo”. El escenario es Tucumán y lo local cobrará una mayor importancia a medida que se vaya sucediendo el relato.
Lo inquietante se percibe desde los primeros detalles. En la ruta hay extraños carteles con fotos de personas dadas vueltas. Al principio se ve uno y suponen que es a causa de un accidente de auto, pero pronto aparecen otros.

Competencia Vanguardia y Género 21 BAFICI: El diablo blanco de Ignacio Rogers

Cuando llegan a las cabañas, las cosas no son menos raras. Fingen tomarle los datos y escuchan a la hija del dueño encerrada. Más tarde, Fernando (Ezequiel Díaz) la encuentra fumando y entablan una conversación breve pero que genera cierta complicidad, en parte gracias al carisma que en esa breve interpretación desprende Ailín Salas. Al día siguiente, habrá otra sorpresa al respecto y querrán irse del lugar encontrándose sólo impedimentos.

Sin adelantar mucho más de la trama, la película va situando diferentes ideas para terminar con una resolución que fuerza muchas de ellas. Una resolución que se percibe abrupta y deja gusto a poco después de una buena construcción de climas (aunque por momentos muchos son innecesariamente acentuados por la banda sonora).

El diablo blanco deja en evidencia un conocimiento del cine de género pero su guion (escrito también por Rogers) no termina de aprovechar los elementos que tiene a su disposición. Cuenta con una buena fotografía y locaciones que aportan mucho. Rogers sabe generar escenas de una buena tensión para después jugar más con el gore.