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Competencia Vanguardia y Género BAFICI: Wasteland No. 1: Ardent, verdant – Between Relating and Use – Watching the Detectives – Una Storia Volatile


Un cortometraje en silencio que explora la relación entre la tecnología y la naturaleza; un cortometraje sobre el fetiche, a veces por los objetos, a veces por las personas; un mediometraje silencioso que reconstruye una investigación colectiva; y otro que se parece más a un video casero filmado desde las alturas de Roma.

Wasteland No. 1: Ardent, verdant

Jodie Mack realiza este cortometraje silencioso en el que, en sólo unos pocos minutos, expone imágenes y no mucho más. El resto, nos lo deja a nosotros.

La tecnología y la naturaleza. Imágenes de placas y circuitos que, vistas desde tan cerca, provocan la sensación de estar observando una ciudad de noche desde un plano cenital muy alejado. Las calles, las luces, cosas que vemos y no están. En contraposición, el verde de la hierba, flores coloridas. Dos mundos que parecen muy distintos e imposibles de convivir en armonía. Hasta que Mack nos los pone cada vez más cerca uno de otro, alternando estas imágenes a una velocidad mayor.

Un corto experimental donde patrones, colores y texturas, contrastes, nos proponen pensar y repensar la relación entre la ciencia, la tecnología y la naturaleza.

Between Relating and Use

Nazli Dinçel, la directora de los Solitary Acts que se vieron en esta misma competencia hace un par de años, nos habla acá del objeto como fetiche. Objetos que usamos y destruimos.

Esta vez en Buenos Aires, Dinçel presenta imágenes de la ciudad junto a un texto en voz en off que además aparece imprento de manera volátil en pantalla. Allí reflexiona y se pierde en sus pensamientos sobre usar y destruir, objeto y sujeto. “Mientras te amo te estoy destruyendo en medio de una fantasía inconsciente”, escribe entre sus notas. Y luego aparece el sexo, de manera simbólica y gráfica, con penetración en primer plano. No obstante, acá funciona más como el modo que encuentra de explicar cómo usamos a nuestros amantes.

Entonces el resultado es más hipnótico que provocador.

Watching the Detectives

Chris Kennedy realiza este mediometraje en el que, en absoluto silencio, reconstruye lo que sucede inmediatamente después del atentado de la maratón de Boston (en abril de 2013). Pero lo hace desde lo que usuarios de foros y redes sociales investigan y debaten al respecto, buscando culpables desde las fotografías que se publicaron del lugar.

A través de incontable cantidad de post de Reddit, Kennedy recopila la investigación y las deducciones que van realizando todas estas personas anónimas. Teorías enfundadas en cómo está vestida una persona, en la mochila que lleva, en hacia dónde dirige la mirada. Todo con la seriedad que una red como, por nombrar una parecida, twitter podría marcar, donde quien es asiduo conoce que, a veces, de los temas más serios se habla de manera irónica y muchas veces poco informados.

Así, se deja en evidencia la poca seriedad pero la mucha importancia que se le da a cualquier persona que dice algo en internet. Como si el sólo hecho de escribir ahí (algo que puede hacer cualquier persona) le brindara cierta entidad. Lo peor es que, entre todas esas reflexiones y pensamientos, predominan los prejuicios, raciales o religiosos. Watching the Detectives es un interesante ejercicio que expone en una secuencia cronológica una investigación que derivó, claro, en resultados fallidos.

Una storia volatile

Carla Vestroni registra desde una ventana de un edificio de Roma a las aves. “Roma está casi en el mar. Es casi una ciudad de mar”, dice en algún momento entre esas voces en offs que registran lo que ven y a veces debaten aquello a lo que los rememora, de una manera más poética. Gaviotas mayormente, albatros, las aves como excusa para hablar sobre la vida. En el medio se intercalan las imágenes de monjas del monasterio vecino. Poemas, extractos de novelas, música clásica.

Una storia volatile es un ensayo poético que no sigue una línea narrativa, sino que parece ir fluyendo a medida que las imágenes se van sucediendo frente a ellos y, por lo tanto, frente a nosotros. Es una experiencia volátil, tal como su título lo indica. Una película que en sus cuarenta y cinco minutos parece fluir por sí misma, sin que nadie la guiara. Porque en ella Vestroni registra con su cámara lo que observa desde esa altura y los diálogos que se escuchan van desde conversaciones más intelectuales a otras banales. Pero todo tiene un aire muy casero, con su cámara inquieta.