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Competencia latinoamericana BAFICI: Un tal Eduardo de Aldo Garay


Continúa la Competencia Latinoamericana del 20º BAFICI con el documental Un tal Eduardo de Aldo Garay.

Para cualquier persona de treinta y cinco en adelante, el nombre Los iracundos evoca algún recuerdo. Nada particular, solamente el de haber sentido nombrar a ese grupo musical a lo largo de los años. Eduardo Franco, líder de este grupo uruguayo de música romántica y divertida, encontró una prematura muerte y de ahí en más se transformó en leyenda o, por lo menos, así lo perciben sus fans. Un tal Eduardo es un documental que intenta retratar el legado que Franco dejó en la gente que quedó atrás, su esposa e hijos, sus fans, sus amigos.

Hasta acá, la premisa es clara y atrayente. Un grupo de una pequeña ciudad de Uruguay logra éxito internacional y revisitar esa historia sería un paseo interesante para cualquier espectador. Sin embargo, la película termina dando un giro y se decide por retratar de forma bastante caricaturesca a esos fans que quedaron atrás. Un escultor de figuras en yeso que las expone en un parque abandonado, un hombre que nunca se puso de novio porque su interés está únicamente en la carrera de Los iracundos, una esposa que se supone a sí misma engañada por Franco.

Uno tras otro desfilan estos personajes que parecen en muchos momentos salidos de un sketch de Peter Capusotto pero que, más allá de causarle un poco de gracia al espectador, no delinean ninguna historia en particular. Incluso el escultor se muestra casi al final del film cantando a algunos abuelos en un geriátrico, con una voz deslumbrante que supera en calidad y expresión a la del mismo Eduardo Franco, pero el film no desarrolla nada con eso tampoco.

Con mucho potencial pero poco interés para el espectador, Un tal Eduardo es un film que se deja ver pero que está muy lejos de ser un imperdible.