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Competencia Argentina: Cícero impune de José Celestino Campusano


Campusano vuelve a las fuentes observando problemas sociales coyunturales pero en un nuevo ámbito.

César busca desesperadamente a Valeria. No la encuentra en ningún lado ni por ningún medio. Ni en la Facultad, ni en su casa. Ni sus amigas, ni su madre, ni su hermano le dan información sobre ella. Ni por celular consigue que lo atienda y le diga qué pasó, por qué lo está evitando. Ellos están de novios pero el joven teme que no por mucho tiempo más. Cuando finalmente ella lo vaya a buscar a la maderera donde trabaja, le pedirá tomarse un tiempo y el mundo de César se derrumbará.

Pero eso no será lo peor aún, pues cuando sepa qué le ha ocurrido en verdad a la muchacha se desatará una cacería para vengar el hecho.
El director construye nuevamente -y a como ya nos tiene acostumbrados-, personajes que no se dan tiempo para la reflexión, pura acción motora que se pone en movimiento y con ellos avanza sin sutilezas ni momentos de transición la trama. Pero esta vez en Acre, Brasil. Este salto de locación (que también implica filmar en otro idioma) no le quita autoría pero tampoco le permite dar un paso más en su cinematografía.

Siempre atento a las problemáticas de una clase social que se sitúa entre lo popular y lo bajo, marginados del consumo y las teorizaciones propios de la clase media, Campusano propone en este caso observar el abuso de ciertos personajes dominantes del suburbio (un “hechicero”) desde lo sexual hasta lo psicológico en franca connivencia y contubernio con la policía y el poder político. Y también plantea una mirada sobre el rol del hombre que, aún con sus mejores intenciones, no alcanza a ocultar su postura machista. Las mujeres como doble víctima: tanto de sus victimarios como de sus supuestos defensores.

Si bien la crudeza de las situaciones en su puesta en escena son una marca autoral y las actuaciones en general funcionan, sigue habiendo algunas inverosimilitudes en la construcción del guion y de los personajes (“la banda de matones” que alardean de poderío no son capaces de obtener ni los menores datos sobre el violador serial, información que un tipo común y corriente sí consigue por ejemplo) y falta una mejor resolución para un crescendo dramático.

Es éste un ejercicio que no desmerece a su autor pero tampoco le suma.