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Competencia Argentina BAFICI: Penélope de Agustín Adba


Una chica hace de su vida, especialmente de su deseo sexual y su cuerpo, lo que quiere, de una manera tan libre como lo es la forma en que Agustín Abda elige para narrar Penélope.

Penélope va a buscar a un amigo al teatro donde está realizando un casting. Un joven desconocido la aborda y conversan. Luego la vemos con su novio. Y después cursando una materia de la carrera de arquitectura donde se besa con un compañero. Y así en fiestas, reuniones o salida nocturna no pierde oportunidad de pasarla bien con chicos y chicas, libre de prejuicios en un mundo de lujos, pura vanidad y apariencia.

Los diálogos no abundan. Tampoco las explicaciones. El montaje es por lo menos extraño. Y ayuda a dar idea de un tiempo que se va sucediendo sin que sepamos bien cuánto pasa.

El derrotero del placer de la protagonista (quizá llamarlo femenino sea demasiado. No me animo a plantear generalizaciones sino a hablar de una mujer) no tiene fronteras ni límites y eso lo vamos deduciendo de su accionar, hasta que el guion cree necesario ponerlo en palabras y genera una situación conflictiva que explicita algo de todo esto por si no se estaba entendiendo.

Deshilachada, por momentos confusa en su edición y montaje, con un protagónico de Cumelén Sanz para destacar, Penélope parece más un planteo, un ensayo de cine moderno que sabe de qué habla pero no ha logrado aún encarnarlo y apropiárselo.