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Competencia Argentina BAFICI: El silencio a gritos de José Celestino Campusano


José Celestino Campusano (Fantasmas de la ruta, El sacrificio de Nehuén Puyelli, Cícero impune) vuelve a entregar una película urgente y cruda, con los aciertos y problemas de siempre, sobre unos jóvenes en Bolivia.

Una familia boliviana que vive en El Alto (un suburbio de La Paz), compuesta por una madre que trabaja en un puesto del mercado, un padre que viaja por trabajo (según dice) y cuatro hijos (dos varones y dos mujeres) adolescentes, es el centro del último film de Campusano. Ambos varones sólo son capaces de mostrar su “hombría” en su casa abusando de sus hermanas menores (en la calle se los muestra como cobardes y necesitando de su padre para solucionar conflictos), algo que sus progenitores no ven y las chicas no se animan a denunciar. Cuando lo hagan se cruzan con la otra pata del relato, una psicóloga social que atenderá el caso y además tiene problemas de pareja.

Todo se sucede bruscamente y de una forma atropellada. Las imágenes de la ciudad no sólo funcionan como decorado y ambiente sino que resultan, a partir del estilo narrativo elegido, como el tiempo y el aire que no se supo crear entre escenas.

Parlamentos inverosímiles dichos forzadamente por no actores a los que les cuesta actuar, echan abajo, la mayoría de las veces, las buenas intenciones sobre los temas que los filmes de Campusano buscan exponer.

Por otra parte ¿cómo desarrollar el abuso sexual, el incesto, el embarazo adolescente, el aborto, la posición de la iglesia, la negación de la familia, en apenas una hora? No es la sutileza exactamente parte de las herramientas que se manejan. Y habría que pensar si no existe una subestimación también al suponer que ciertas clases sociales sólo pueden entender de qué se habla si se es llano. Y la misma película demuestra que no, cuando resuelve la escena del interrogatorio en Cámara Gesell de las víctimas con los tiempos y los tonos acertados y cinematográficos, eludiendo el morbo y sin siquiera recurrir a la música para sensibilizar.

Se ha dicho y con razón que el cine de Campusano es una bocanada de aire fresco en la producción nacional con sus formas de encarar las problemáticas y por la clase social representada, técnicamente ha alcanzado los estándares promedios pero hay cuestiones (actuaciones, diálogos, narración, verosimilitud) que ya a esta altura deberían ser replanteadas y trabajadas con un poco más de cuidado.