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Competencia Argentina 21 BAFICI: Familia de Edgardo Castro


En el comienzo lo vemos a Castro cortándose el pelo, manejando en la ruta para visitar el santuario del Gauchito Gil, comiendo en el camino, durmiendo en un hotel al paso hasta llegar a la casa de sus padres en el sur. A partir de allí (casi) todo transcurrirá entre esas cuatro paredes en las vísperas de una navidad y algún doble cumpleaños familiar.

Toda familia (especialmente en los últimos tiempos para el arte) es disfuncional. Y ésta no es la excepción. Más que la incomunicación entre sus miembros, lo que sobresale en este documental es la no comunicación directamente, mientras el sonido ambiente si no es ensordecedor, al menos es invasivo (celulares, música de juegos, programas de televisión, etc.), los intercambios verbales no son escuchados o no comunican o se muestran innecesarios para esa función y, ya resignados, los emisores actúan producirlos para “hacer” que hablan.

Familia

Nada de lo que se muestra reviste carácter de relevante, la cotidianidad familiar asfixia y va consiguiendo un extrañamiento que embota y agobia, pero la puesta en escena no recarga las tintas con burlas o juzgamientos (los personajes son personas y hay cariño por encima de todo) por lo que el momento de la narración de la telenovela está un poco fuera de tono (busca sólo la risa fácil y cómplice).

Es un logro del director que la cámara se invisibilice y extraiga de la rutina y la nada extractos de vida, aunque, también es cierto, que para ello no pueda evitar estirar algunas escenas, abusando del tiempo, o acumular situaciones que repiten los efectos ya conseguidos. Como en La noche, Castro vuelve a mostrar que los finales (siempre un ítem difícil) son lo suyo. Desoladores y angustiantes.