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BAFICI 2015 Mar de Dominga Sotomayor


Después de sorprender con De jueves a domingo, la directora chilena, Dominga Sotomayor, presenta en competencia argentina, Mar, íntegramente filmada en Villa Gesell con actores y producción nacional.

Es cierto que en la última década y media, la cámara fija es una estética bastante elegida por los directores nacionales y algunos de Chile o Uruguay para narrar sus historia, pero en su ópera prima, Sotomayor la usaba de forma inteligente para mostrar las expresiones de sus hijos en la parte trasera de un auto, espectadores tácitos del divorcio de sus padres. No había forma de narrar lo mismo desde otra puesta de cámara.

Mar tiene varios puntos en común con esta película. Acá también una pareja se está separando. Ella quiere progresar en la relación. Él prefiere estirar las cosas para delante, tomando una posición infantil, evitando responder concretamente, saliendo con evasivas. Ambos están en la playa, reflexionando. Desde un principio el clima es inestable, y las vacaciones se alejan de los soñado. Hasta acá vamos bien. Martín es lacónico y pasa un momento de incertidumbre, pero cuando llega su insoportable madre, realmente el espectador comienza a entender varias características de su comportamiento.

Sotomayor empieza de a poco a alejarse de su estética y sutileza. Todo lo que en su ópera prima se encontraba de alguna forma, justificado, acá resulta forzado porque el guión, incluso subraya y explica aquello que resulta obvio. Hay exceso de argumento. El cuidado estético y las impecables austeras interpretaciones de Lisandro Rodríguez y Vanina Montes son lo más atractivo de una obra, que es atrapante pero no genera la tensión y el dramatismo de la ópera prima de la realizador.

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En conclusión

Sotomayor pierde peso autoral como cineasta y se suma a un cúmulo de directores nacionales que se alinean en una misma tendencia, y no logran diferenciarse unos a otros. Se esperaba más.

Puntaje 3 3/5
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