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Astrogauchos de Matías Szulanski


Astrogauchos, la quinta película de Matías Szulanski (Pendeja, payasa y gorda), se trata de una comedia extravagante ambientada en los años ’60.

La película nos ubica en 1966. Emilio Castillo (Ezequiel Tronconi),  un físico y docente universitario, hará todo lo que esté a su alcance para ubicar a Argentina como potencia en materia aeroespacial.  El objetivo principal del protagonista está puesto en ganarle a Estados Unidos y a Rusia la carrera por ver quién consigue llegar antes a la luna. Luego de arduos días de trabajo, Emilio consigue un pequeño avance: la creación de un Ministerio especializado en el tema, aunque deberá conformarse con el simple puesto de viceministro.

Astrogauchos se divide en tres capítulos; una decisión algo extraña si tenemos en cuenta que la trama es completamente lineal y no cuenta con grandes saltos temporales o un quiebre relevante. A lo largo de la historia, no sólo veremos a Emilio tratando de cumplir su objetivo en cuanto a lo profesional, sino que también se ahondará en su situación personal (en especial en lo que respecta a una relación amorosa).

En ese punto es dónde la película comienza a hacer agua. Las escenas focalizadas en su situación amorosa no llevan a ningún lado; parecen agregadas a la fuerza. La trama trastabilla al intentar ahondar en ambas cuestiones. Finalmente, da la sensación de que se nos están contando dos historias completamente ajenas. Esto termina ocasionando que la trama principal pierda fuerza.

Tanto las actuaciones como el arte en general (vestimenta, maquillaje, locaciones), resultan exageradas. Si bien está expuesta la intencionalidad de que estos puntos sean grotescos, terminan generando un contraste extraño con la trama. Estas cuestiones también parecen ser agregadas a la fuerza y, sin una finalidad puntual, parecen querer decir mucho, pero finalmente no expresan nada.

En conclusión

Astrogauchos cuenta con una premisa más que interesante pero, con el correr de los minutos, la trama comienza a hacer agua. Matías Szulanski focaliza demasiado en la vida personal del protagonista, lo que termina haciendo que, por momentos, la película no vaya a ningún lado.

Puntaje 2 2/5
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