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Arpón de Tom Espinoza


En Arpón, opera prima de Tom Espinoza, se desnuda, con personajes sólidos pero desdibujados en sus contornos, el entramado de dominio e invasión que se gesta en las relaciones humanas.

Una jeringa, un filo posiblemente contagioso, peligroso, es encontrado en la escuela.

El director del lugar camina sobre ese mismo filo. Es un hombre cansado, con una vida al borde de la soledad, dedicado a combatir con dureza lo que ocurre a su alrededor: está a cargo de adolescentes que desconocen los límites, que caminan por la cornisa, que tienen que ser educados y corregidos, a como dé lugar.

Es bajo esa premisa que nos adentramos, en los primeros minutos de esta ópera prima, en el mundo de Argüello (Germán de Silva), un hombre que recorre los pasillos de la institución que dirige buscando la amenaza, buscando culpables, taciturno, abriendo mochilas de estudiantes. Estudiantes que, por temor o aceptación, ofrendan su privacidad sin queja alguna. Todos. Todos excepto Cata (Nina Suárez Bléfari).

Esta acción de rebeldía contiene en su núcleo las intrínsecas relaciones de poder que Arpón plantea en el juego de interacciones en las que nadan sus personajes, atrapados en una pileta de falencias personales internas que los acorralan y los vuelven presas fáciles frente al hostil cazador.

Su director, Espinoza, lo explicó muy bien: a diferencia de la red, donde se caza al cardumen, cuando se usa un arpón se busca objetivar la violencia, se busca lo específico, el daño directo.

A la adolescente rebelde que atraviesa una silenciosa ebullición interna se le suman Mica (Laura López Moyano), una prostituta que está a punto de retirarse, y Sonia (Ana Celentano), una profesora que se balancea entre el desencanto por las nuevas generaciones y la esperanza sobre las mismas. Y, a su vez, todas ellas relacionadas con Argüello que, jugando las veces de un eje descarriado, las orbita, las atrae, las aleja, las enfrenta, en un thriller donde un simple suceso y un evitable desliz poco justificado desencadenan un giro radical en toda esa maqueta destartalada e impredecible.

Arpón es una película cuya construcción no sea quizás la óptima al momento de establecer relaciones que interpelan a la modernidad pero plantean ciertos estereotipos: la verosimilitud de ciertas decisiones/acciones se presenta como duda durante los primeros giros, pero en el trasfondo queda constancia clara de una idea concreta, de una búsqueda articulada en base a engranajes punzantes (como una jeringa, como un arpón) puestos en función de un concepto.

En conclusión

Arpón maneja con honestidad y buen pulso un universo rico en detalles que, si bien no logra brillar en su esplendor a razón de un incompleto armado que termina poniendo en tela de juicio la posibilidad de que tal cosa pueda ocurrir así o no, se destaca por ofrecer una cacería muy consciente: sabe lo que quiere y no pesca con red.

Puntaje 2.5 2.5/5
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