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Apuesta maestra de Aaron Sorkin


Sin dejar nada librado a la suerte en la construcción de su protagonista, Apuesta Maestra, de Aaron Sorkin, nos deja en claro que, en última instancia, no son la victoria o el fracaso los parámetros que definen a un buen jugador, sino su capacidad para reinventarse como tal.

De modo análogo con lo que sucede en los deportes y en los negocios, en la vida no es suficiente con conocer las reglas, ejercitar un temple o elaborar una intrincada estrategia: el entrenamiento del instinto es igual de fundamental para evitar la bancarrota, la debacle personal y, ocasionalmente, resultar victoriosos. Sobre esa intrínseca relación que el azar tiene con el existir aún en sus aspectos más certeros y sobre cómo nos entendemos y movemos en tanto jugadores, es que se teje el eje de conflicto con el que Apuesta maestra, la esperada película de Aaron Sorkin (aclamado guionista de obras como Red Social y Steve Jobs), abre su juego.

Basada en una historia real, Apuesta maestra es orbitada por apostadores fuertes y convencidos, apostadores ciertamente adictos, todos con un halo de romanticismo volando sobre sí, todos seductores en su drama. No cuesta empatizar con la decadencia soñadora de quienes se suponen dueños de un mundo al que dibujaron a imagen y semejanza: tipos acaudalados, profesionales reconocidos, estrellas admiradas; dueños incuestionables de sus propios personajes, de alguna manera humanizados por sus vicios y excentricidades.

Este interesante submundo, que se construye pintoresco, elocuente y casi estereotipado, no es más que el universo de acción de Molly Bloom (Jessica Chastain) que, desde su intervención en off en el principio de la obra, deja en claro que ésta es su historia, que éste es su juego.

Articulando su relato entre pasado y presente, Molly nos cautiva desde su anécdota inicial, una en la que nos cuenta, con inteligencia, frescura y cierta irreverencia, que de niña estuvo a punto de tocar el cielo con las manos como joven promesa del esquí y terminó, literalmente, estrellando su carrera contra la dura nieve de la pista de salto. También nos hablará de su fría relación con su padre (Kevin Costner), el hombre que la entrena, que la vuelve hambrienta de poder, el hombre que será el constante lente con que ella se medirá a si misma… ¿cómo va a reaccionar ese hombre cuando descubra que ahora su ávida y codiciosa hija, ya retirada del deporte que casi la catapulta y casi la mata, es perseguida por el FBI por ser la principal sospechosa de organizar el juego clandestino más exclusivo de los Estados Unidos?

Toda esta historia la conocemos cuando Molly se la cuenta a su abogado (Idris Elba) a través del libro que escribe sobre lo sucedido, mismo libro de memorias que, rompiendo la cuarta pared, es el que Sorkin usó de disparador para apropiarse de la historia de la Molly “real”. ¿Qué ocultó Molly? ¿Por qué? ¿Qué información de valor tiene ella para el FBI? ¿Por qué no usar esa información para conseguir ser declarada inocente contra el cargo de haberse involucrado con la mafia rusa? ¿Cómo debe administrarse la formación moral para ganarle una partida a la justicia sin traicionar valores internos? Y más interesante aún: ¿cómo terminó una truncada deportista con el rótulo de “princesa del póker”? Todas esas cuestiones son abarcadas por un Elba efectivo que no tarda en generar una excelentísima química con Chastain que, por su parte, se muestra verosímil no por estar inspirada en una persona cuya experiencia, sin dudas, podemos imaginar mucho más áspera, sino por ser concreta como “personaje”, entera en sus quiebres, sin pretensiones de más en sus lugares comunes, desafiante en sus certezas.

Repleta de diálogos ingeniosos y filosos, sin arrogancia de por medio, no cuesta entender por qué Apuesta maestra fue nominada, entre otras cosas, a mejor guion en los Globo de Oro 2018, aun cuando se toma más tiempo del necesario para desarrollar su trama a favor de una narrativa plenamente de personaje, aun cuando sus giros son minúsculos y por momentos tibios a favor de resultar cálidos en su evidente sordidez. En su primera película como director, Sorkin, como buen crupier, se muestra talentoso en el arte de mezclar la baraja de condimentos que dan forma a este thriller sencillo e intenso y termina desplegando sobre el tablero una historia complaciente para el jugador de ambiciones moderadas: una historia tan dinámica como sobrexplicada, simbólica en sus detalles, lo suficientemente atractiva como para mantenernos expectantes hasta el fin de una partida donde, por más que las cartas estén marcadas, no nos sentimos estafados.

En conclusión

Con todas las fichas puestas en el personaje de una Molly destacable e idealizada, Apuesta maestra busca un equilibrio entre los excesos con que el triunfo y el fracaso se definen, encontrando una sugerente poética en la miseria y la ambición que mueven a los espíritus que, más allá de todo, sólo desean seguir jugando… cueste lo que cueste.

Puntaje 3.5 3.5/5
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