Festivales

41 Uncipar: primera jornada


Dio comienzo la Competencia Nacional de Cortometrajes de las 41 Jornadas argentinas e internacionales de cine y video independiente UNCIPAR.

La primera jornada estuvo compuesta por dos bloques de cortometrajes. Que fueron, como suele ofrecer este festival desde hace 41 años, variados tanto en duración como en temáticas y géneros. Animación, documental, ficción. Los 16 cortometrajes fueron vistos por una sala colmada de espectadores.

Así como fueron varios los cortometrajes proyectados, no fueron tales los que merecen ser destacados.

El sonido de la campana de Augusto Sinay: un boxeador queda sordo luego de una pelea. Gran trabajo protagónico de Jorge Sesán, en un corto donde el sonido (y su ausencia) son los ejes principales. Con un comienzo que hace recordar a Erase una vez en el oeste de Sergio Leone. El sonido ingresa antes que la imagen, con un chirrido similar al comienzo de Leone con el sonido del molino.

El último cuentista de Adrean Ramírez. Mezcla de ficción y documental. Mas bien no se define como ninguno de esos géneros e instala la duda en el espectador de manera magistral. Un «cuentista», como nos relatan en este corto, es aquel que va (o iba) a los funerales para contar chistes y hacer más amena la ceremonia. Personajes muy bien delineados y una gran puesta de cámara.

Severino de Gastón Calivari. La pareja protagonista de Mirko Buchin y Gustavo Garzón construyen, en pocos minutos, lo que muchos actores no logran en un largometraje. Una historia llena de ternura, en sus imágenes y en el vínculo de los personajes. Una fotografía destacada y prolija. Lo más relevante hasta el momento.

Charlie Buenos Aires de Tomás Pernich. De los cortometrajes animados, hasta ahora el más destacado por varios motivos. Charlie era aquel personaje del juego de consolas Circus donde todo transcurría en un circo, pasando diferentes desafíos. Pernich en este corto nos presenta qué fue de la vida de esos personajes, una suerte de detrás de las escenas, conociendo los problemas y los conflictos que tenían. Recordando también, en ciertos puntos (no sólo en el tema de videojuegos), a Wifi Ralph. Lo más interesante y remarcable es lo de Pernich, no sólo dirige, sino que también editó, guionó, hizo parte de la música y las voces de los personajes. Lo único que podría cuestionársele es la duración, en sus 18 minutos da la sensación de que se podría no haber alargado tanto con algunas cosas y darle un cierre antes.