Festivales

33° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Ceremonia de Cierre y Entrega de premios


El sábado 17 se realizó la Ceremonia de Cierre y Entrega de Premios del 33° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Pasado el mediodía, en el Tronador Concert, se dieron a conocer los ganadores de los Premios no Oficiales en una austera ceremonia que se anunció como tal tras darse a conocer el hallazgo del submarino ARA San Juan. El evento del año pasado había cancelado sus actividades más festivas como consecuencia de la desaparición de sus 44 tripulantes y éste, justo a un año, se permitió homenajearlos el viernes y cambiar sus formas el sábado ante el anuncio de los tres días de duelo nacional.

A las 17.30 la alfombra roja del Teatro Auditorium recibió a plena luz del sol (que se había ocultado casi durante toda la extensión del Festival) a los asistentes a la Ceremonia. Las primeras palabras de la conductora Sol Avila García (se prescindió de Gabriela Radice) se refirieron a lo sucedido por la madrugada con el submarino y se procuró hacer que ese sentir tiñera y justificara las decisiones que habían sido tomadas con anterioridad para el resto del evento. Lo volvió a explicitar el Vicepresidente del INCAA, Fernando Juan Lima, quien además celebró haber podido realizar esta edición y agradeció el acompañamiento de todos lo que trabajaron para su concreción y la asistencia del público. Luego subió al escenario la directora artística, Cecilia Barrionuevo, quien enumeró los logros alcanzados este año y volvió a agradecer a todos.

Acto seguido Lima y Barrionuevo condujeron la entrega de premios, nombrando a los ganadores, con la colaboración de Avila García en la presentación de los jurados y lectura de las justificaciones de los mismos. Todos hiperprofesionales que trataban de que no se notara la incomodidad que atravesaban.

Y fue ahí, entonces, que se comprendió para estupor y asombro de los concurrentes la metodología diseñada para realizar la entrega: los ganadores subían al escenario (armado con un espacio central vacío dispuesto entre dos tarimas ocupadas por los citados), recibían el premio y los aplausos, les sacaban la foto y se retiraban por el costado izquierdo para “atender a la prensa” que en su casi totalidad estaba dentro del Auditorium asistiendo a la Ceremonia. Salían del escenario sin mediar palabras. No podían agradecer, pedir, o expresar sus sentimientos. No tenían voz.

Ante la situación acaecida con el secretario de cultura, Pablo Avelluto, durante la apertura, una semana atrás, que vio interrumpido su discurso por una silbatina y los reclamos de la inmensa mayoría del auditorio (se supo que algún actor de renombre le recriminó a algunos participantes de la ceremonia no haber hecho nada para acallar al público) se optó -argumentando que era por el triste momento que como sociedad estábamos atravesando y la necesidad de la brevedad- por ejercer una censura que no se había vivido jamás durante estos años de retorno a la democracia. Se entendía así también la presencia de seguridad en el interior de la sala permaneciendo en los pasillos.

Sólo pudo tomar la palabra, gracias a los reclamos de algunos sectores que pedían a gritos “que hablen, que hablen”, la actriz estadounidense ganadora que volvió casi cuando ya estaba afuera del escenario y a la que le alcanzó su micrófono Cecilia Barrionuevo, y el director Iván Fund que a voz en cuello alcanzó a pedir por más cine nacional.

Ningún Festival de Cine clase A se permitiría llevar a cabo semejante decisión irracional y autoritaria. Y mucho menos con la impunidad con la que se manejaron los organizadores de esta Ceremonia. De fuentes confiables se supo luego que desde el jueves bajó una orden de la secretaría de cultura que decía que no habría micrófono abierto y disponible para nadie. Y hasta último momento se cambió el guion.

Tibios aplausos, comentarios al salir al foyer del Teatro mientras se desarrollaba el coctel de cierre, un escrito de María Alché (el martes 13 hubo una reunión pública, en una sala de teatro de la ciudad, de varios directores argentinos que participaban del Festival para desmentir con argumentos y números las falaces palabras de Pablo Avelluto y ella fue una de las que tomó parte), en su facebook, explicando que tampoco al Jurado se le permitió leer un texto que habían escrito en total acuerdo en defensa de la cultura cada vez más marginada en todo el mundo en cuanto al dinero que se le destina en los presupuestos y en abierta oposición a lo que significa el arte como manera de ayudar a reflexionar a la sociedad, fueron algunas de las reacciones primeras que se vivieron.

El Festival cerró con la proyección de Roma de Alfonso Cuarón. Ganadora del Festival de Venecia y con un camino ya asegurado de obtener todos los premios de aquí en más hasta llegar al Oscar, el film fotografiado en un exquisito blanco y negro y con una recreación de época (vestuario, arte, etc,) maravillosa recrea el fin del año ’70 y el inicio del ’71 de una familia burguesa mexicana (con evidentes tintes autobiográficos) pero visto a través de los ojos de la chica de servicio.

Un cuento fácil, con una fluidez en la narración que los movimientos de cámara refuerzan con belleza e inteligencia, con una precisión quirúrgica en la puesta que le quita pasión y sentimientos, salvo cuando los fuerza en golpes bajos. Con una abyecta escena de parto y el contexto social e histórico irrumpiendo por la ventana en la crisis familiar, Roma demuestra, una vez más, que Cuarón es una máquina de pretender y simular bienpensante y complaciente.

Esta nueva edición se hizo gracias al esfuerzo denodado de los programadores, de los voluntarios, de la dirección y de cada uno de los que trabajaron en ella y que se ganaron todos los aplausos. Por lo que el Festival no se merecía el bochorno que significó este cierre. Que además se despidió sin anunciar la fecha del próximo. Los rumores dicen que recién volverá en marzo del 2020, cambiando mes y evitando un año electoral. Uno se pregunta, entre otras cosas, ¿qué harán entonces con el presupuesto que le corresponde?