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18º Festival Buenos Aires Rojo Sangre BARS: Tercera Jornada


Seguimos la cobertura del  18º Festival Internacional de Cine de Terror, fantástico y bizarro Buenos Aires Rojo Sangre BARS con dos películas una de Estados Unidos, The song of Salomon de Stephen Biro y una española, Call TV de Norberto Ramos del Val.

The song of Salomon (EEUU, 2017), de Stephen Biro. NOVEDADES

La productora Unearth de Stephen Biro se propuso realizar una saga de películas llamadas American Guinea Pig, cuya misión es exhibir gore extremo similar a films de terror japoneses de mediados de los 80.

The song of Salomon, completa la trilogía. El tema elegido para esta entrega es un exorcismo que sale bastante mal. Mary está poseída por un demonio que manipula al padre de la adolescente a suicidarse. A partir de este punto, la madre de la niña, junto con un médico empezarán a recibir a una seguidilla de exorcistas que van cayendo ante el poder de Mary.

Es sabido que después del film de William Friedkin con Linda Blair, este subgénero fue destrozado por malas imitaciones. The Song of Salomon, no solo cumple con esta profecía -pocos entienden acaso que la obra de 1973 nunca prioriza el terror sino que es un drama existencial disfrazado de film de horror, y de ahí el impacto que tuvo generación tras generación- sino que ni siquiera logra destacarse en su meta de generar impacto por la visceralidad visual.

Y no se trata de un tema narrativo, sino directamente de una sucesión de errores técnicos -fallas graves de raccord, pésimas actuaciones, incoherencias generales- que terminan por distraer. Incluso hay un grave problema con el tono. El fin del director es mostrar órganos de las formas más espantosas y gratuitamente. Casi como si fuera pornográfico. Pero no lo logra. Por el contrario es pobre y ridículo. Biro pretende darle cierta seriedad al relato -la música y los climas no ayudan demasiado- pero termina creando inconscientemente, una comedia.

Si directamente hubiese pretendido hacer una sátira al género, quizás el resultado habría sido mejor. Pero entre un pésimo maquillaje, efectos especiales caseros y artesanales que dan bastante vergüenza ajena y una narración previsible, y casi nula -incluso conservadora sexualmente- Biro nunca le encuentra un norte a un film tan pobre en su manufactura que realza los valores cinematográficos de dos obras claves, más ingeniosas y conscientemente humorísticas como Evil Dead, de Sam Raimi, y Braindead, de Peter Jackson. No es casual que ambos directores ahora estén en un pedestal dentro de la industria, pero porque son gente con ideas que aprovecharon el limutado presupuesto para hacer algo ingenioso. Acá la ausencia de ideas es alarmante. Ver a un personaje sacarse la lengua a través de la garganta no es gore. Es ridículo. Mucho menos ver a la niña poseída escupiendo órganos de plástico tan mal realizados. ¿En serio no es una comedia? Un delirio de lo peor que se ha visto del género en los últimos años.

Call TV (España, 2017), de Norberto Ramos del Val. COMPETENCIA IBEROAMERICANA.

Una historia de terror situada en un lapso de 24 hs, concentrada en la pesadillesca noche que vive la nueva conductora de un programa de televenta y juegos de madrugada, es una excelente idea. Sin embargo, el director del film, la usa para satirizar al cine español contemporáneo.

Lucía es una joven actriz, que después de un accidente en un set, nunca más pudo obtener otro personaje. A pesar de su rebeldía, es seleccionada para conducir un programa de televenta nocturno, lo que le brindará la oportunidad de mudarse de su ex novio, que ya vive con otra mujer. Pero la noche de Lucía no arranca bien: es acosada por un técnico misógino, y el primer televidente que llama, amenaza con asesinar a su ex pareja, a quien tiene cautivo. A partir de acá el relato divide el punto de vista, para tomar el de Hugo, un psicópata que acaba de asesinar a una prostituta mientras la mira a Lucía, u la de su extraña vecina.

Comedia de enredos con giros absurdos, rebuscados, gags forzados, y algo de gore, Call TV intenta emular continuamente al humor y tono de Alex de la Iglesia, pero con resultados demasiado pobres y chistes viejos. Visualmente es poco arriesgada, pero se nota cierta pretensión de citar la estética de los primeros films de De Palma, y algunos de Almodovar. Pero, al que termina robando sin pudor y bastante autoconscientemente es al Alejandro Amenabar de Tesis y Abre los ojos.

Con desniveles interpretativos, resoluciones muy pobres y poco riesgo -hay algunas arbitrariedades y bizarreadas que zafan- Call TV se deja ver porque entretiene, y muy poco más.