Festivales

17º Festival Buenos Aires Rojo Sangre BARS: Segunda Jornada


Continua el 17º Festival Buenos Aires Rojo Sangre BARS con una gran variedad de películas en competencia.

COMPETENCIA INTERNACIONAL

Bad Blood: The movie, de Tim Reis

Un monstruo cruza entre hombre lobo (su transformación es regida por la luna) y anfibio es el centro de esta película norteamericana. En ella, una adolescente con mucho bagaje emocional se escapa una noche de la casa donde vive con su madre, el marido de ella y su hermanastro. Pero no vuelve a su casa luego de que la ataquen a ella y a su amiga. Es entonces cuando entra en escena un detective de una violencia contenida que la encuentra junto a un empleado de una estación de servicios. Entre la joven y el estudiante universitario que se ve confinado a investigar y experimentar a escondidas, intentan controlar el virus que se apoderó de ella, y puede ser fatal para quien lo rodee.

En tono de comedia, Tim Reis relata su film con una estética ochentosa, desde los títulos hasta los fundidos encadenados. Incluso hay un subtexto que pueden hacer de Bad Blood una peculiar coming of age, pero ante todo es una comedia de monstruos modesta y bien realizada. Y muy entretenida.

Attack of the Lederhosen zombies, Dominik Hartel

Como Night of the living Deb, esta película austríaca es otra comedia de zombies claramente influenciada por Shaun of the dead de Edgar Wright. Lo novedoso en este caso es el escenario que funciona como marco: montañas y nieve, mucha nieve blanca sobre la cual la sangre contrastará de la manera más bella.

Attack of the Lederhosen zombies es una película de una factura técnica impecable pero es también una comedia divertida que pone en el centro a tres jóvenes que quedan varados en una cabaña en medio de la nieve la misma noche en que la zona es atacada por zombies. No estarán solos, y acá entra en juego la imprescindible presencia de Margarete Tiesel como una señora capaz de defenderse y atacar con sorprendentes habilidades.

Una de esas curiosidades que vale la pena no pasar por alto.

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COMPETENCIA IBEROAMERICANA

Clarisse, de Petrus Cariry

Proveniente de Brasil, Clarisse o alguna cosa sobre nosotros dos (en su título completo traducido al español) es una de esas películas hechas con un cuidado técnico pero sobre todo en la narración, que no parece destinada para un festival como el Buenos Aires Rojo Sangre, más allá de que aunque tarde en aparecer sangre hay en la película, sino más bien un Bafici.

Solemne, poética, pero también lenta e inevitablemente pretenciosa, Clarisse es un film de pocas palabras, pocas acciones, donde nunca pasa nada pero da la sensación de que a su protagonista le pasa de todo contenido en su cuerpo. No pasa nada pero todo el tiempo sabemos que en algún momento algo pasará y será grande.

El personaje principal se encuentra entre un marido que es un exitoso hombre de negocios, unos niños con los que apenas se relaciona, y un padre enfermo con el que los reproches y resentimientos van fluyendo cada vez con más intensidad.

Clarisse construye una atmósfera de constante suspenso y un incipiente terror pero no termina de funcionar a lo largo de un film que se siente innecesariamente lento y estirado.

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5 A.M., de Ezio Massa

El realizador de 2/11 Día de los muertos regresa con esta película que narra dos tramas paralelas que en algún momento se cruzarán. Por un lado, una señora grande y la obsesión que siente por el altillo, que tiene preocupada a su sobrina que sólo quería salir a divertirse con una amiga. Por el otro, un joven que reúne a varios amigos que hace tiempo que no ve y los convence de jugar al temido Juego de la Copa.

El relato de Massa apuesta a lo sobrenatural y vueltas de tuerca varias. Con una puesta en escena cuidada, y una fotografía a juego a la historia de suspenso y terror que cuenta, 5 A.M. es una decente y entretenida película de género. No mucho más.

COMPETENCIA BIZARRA

Videoclub, de Fabián Moreno

Todo puede pasar dentro de esta competencia en la cual no parece haber muchas reglas ni condiciones. Lo cierto es que la película en cuestión ni siquiera es un producto terminado (se advirtió que faltaba terminar de arreglar el sonido pero lo cierto es que en algunos momentos esto era un problema grave).

El guión es tan predecible como pobre. Es el 2001, estamos en crisis y su protagonista lidia con un negocio que ya no le es rentable, el de alquiler de VHS. No le es rentable porque su moralina le impide incluir la categoría de cine porno, y ese es el que le piden seguido. Cuando cansado de deudas decide probar incluir cintas porno en su negocio, se da cuenta que efectivamente funciona y comienza a tener ganancias. Pero mientras primero choca con la vecina que le gusta porque ella no aprueba esa decisión, luego la descubre en una de las cintas.

Vueltas de tuerca, la presencia cada tanto de un misterioso asesino, Videoclub se nota que es una película hecha a las apuradas y así nomas. Ni siquiera aprovecha buenas ideas (como la de situar la historia en época de crisis), provoca algunas risas pero mayormente de las involuntarias, y a la larga termina siendo inentendible que alguien decidiera presentarla, al menos en estas condiciones.